El
Plan de Dzelkoop
¿Chispa
o simple rebelión?
Roger Alcocer García
En
los anales de la historia sigue sin definirse aún la polémica
sobre en que punto de la República se inició la
Revolución Mexicana, pero una de las primeras acciones
bélicas de trascendencia contra Porfirio Díaz se
realizó en Valladolid el 4 de junio de 1910, en el movimiento
insurrecional que ha sido denominado como la "Primera Chispa
de la Revolución".
El
movimiento de los insurrectos en la antigua Zací, nacido
del Plan de Dzelkoop, en una ranchería del mismo nombre
cercana a la Sultana de Oriente - en el cual se asentaba que "ha
llegado la hora de hacer un poderoso esfuerzo para salvar al país
de la tormenta que lo aniquila y evitar que el pueblo continúe
sufriendo el flagelo del caciquismo y las arbitrariedades del
temido dictados" -hasta ahora no ha sido registrado en la
historia nacional, aún cuando notables pensadores y escritores
han destacado su trascendencia en la destrucción de un
régimen de treinta años.
D.
Carlos R. Menéndez, en su obra "La primera chispa
de la Revolución", aporta datos documentales que prueban
que la insurrección encabezada por Miguel Ruz Ponce marcó
el inicio del movimiento revolucionario, generador de las garantías
sociales.
En
1953, en la capital de la República, se desató una
polémica en distintos periódicos en la que tres
historiadores, D. Ramón Osorio y Carvajal, periodista y
poeta con raíces vallisoletanas; Crisanto Cuellar Abaroa
y José Mancisidor, defendían, cada uno por su lado,
la primicia en la gestación de la insurrección del
20 de noviembre.
Osorio
y Carvajal,quien en esos tiempos también era legislador
federal, afirmaba que en Valladolid se inició la lucha;
Cuellar Abaroa sostenía que el indio tlaxcalteca Juan Cuamatzi
inició las acciones en Contla, Tlax., el 26 de mayo de
1910, y Mancisidor, afirmaba que el asesinato de Aquiles Serdán,
pese a que sucedió posteriormente a los dos sucesos arriba
mencionados, se le debían de atribuir los méritos
precursores.
En
una recopilación, Osorio y Carvajal señala lo siguiente:
"Ante el tribunal sereno de la historia únicamente
tienen valor real los documentos que aprueban las afirmaciones
y éstos tienen que llevar su verdad en un texto escrito
y no en una simple afirmación verbal.
"El
primer plan revolucionario en que se determina el origen del movimiento
armado y los ideales que persiguen los hombres que lo firman es
el de Dzelkoop, con fecha 10 de mayo de 1910. Por consiguiente,
de acuerdo con un criterio histórico justo y sujeto a una
lógica incontrovertida, el plan de Miguel Ruz Ponce y compañeros
fue el primer paso en la etapa sociológica que aún
recorre México".
Para
reforzar sus consideraciones el escritor apunta lo siguiente:
"Como pruebas innegables de que el movimiento del 4 de junio
es la "chispa" de la Revolución existe ese plan
cuyo original está perfectamente conservado, se registraron
dos sangrientos combates con un cúmulo de cadáveres,
tres mártires fueron sacrificados por un pelotón
del porfirismo y un sinnúmero de rebeldes sufrieron privaciones
en la cárcel de San Juan de Úlua.
"Además,
en un informe oficial el gobernador Muñoz Arístegui
expresa que los acontecimientos de Valladolid fueron de origen
maderista y tácitamente en él se acepta la gravedad
del movimiento revolucionario".
En
cada aniversario de la "Primera Chispa" aún es
recordado en la antigua Zací este suceso y cada año
se rinde homenaje a los mártires Atilano Albertos, Maximiliano
R. Bonilla, José E. Kantún, Miguel Ruz Ponce, Claudio
Alcocer, Donato Bates y otros numerosos héroes anónimos.
Cada
año se escuchan los claros, enérgicos toques de
corneta y el grito maya de ¡chokabá, chokabá,
chokabá!, alentando a los insurrectos a avanzar contra
el adversario, oponiendo a la disciplina y táctica únicamente
su condición de hombres.
La
insurrección del 4 de junio no fue una simple rebelión
sin plan definido, fue un brote revolucionario que bien merece
pasar a las páginas de la historia nacional como un reconocimiento
a sus impulsores. Quede a la posteridad corregir esta grave falla
histórica.