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Buena mesa, exquisitos platos regionales
Por: Felipe Escalante Ruz


    En relación con sugestivo y apetitoso reportaje publicado por el Diario sobre la longaniza de Valladolid, tenemos puntos de contacto con la cocina oriental, en virtud de los viajes que por razones de trabajo dimos a la antigua Zaci hace no muchos lustros.

    Degustar el sabroso embutido era uno de los pasos a dar en la misión laboral, por lo que disfruté de la longaniza, servida revuelta con huevo o asada y acompañada de un par de huevos fritos y frijol colado, con tortillas y aguacate en la estación productora de este fruto tan rico en tanino.

    Cada viaje era otra embutida de longaniza y traíamos a Mérida varias tiras, que comprábamos en céntrico restaurante de la urbe.

    Una muchachita nos atendía con especial amabilidad porque le llevaba trabalenguas, a los que era muy aficionada. Aquello del "Arzobispo de Constantinopla se quiere desarzobispoconstantinopolizar..." o "María Chuchena techaba su choza..." Un día la niña nos confió, creyendo hacernos un servicio:

     "Esa longaniza que compra usted aquí no es de Valladolid, la manda todos los días don Manuel Loría de Mérida".

    Por ello decidí visitar allá los centros de producción y quedé gratamente impresionado de las hermosas y grasientas lonjas que
colgaban de largos tubos, listas para calmar los aullidos gástricos.

    Pero no todo es longaniza en la Sultana de Oriente. También son
populares en Yucatán los lomitos de puerco, el escabeche oriental y el relleno negro, no recomendable este último a quien tenga que trabajar al día siguiente, porque tienen más chiles que cargos de conciencia un político corrupto, que en nuestro sistema oficial muchas veces es un pleonasmo.

    Desgraciadamente, los lomitos de puerco, con ibes y huevo sancochado, no los preparan bien en los restaurantes de Mérida. En
la mayoría de ellos sirven puerco colorado y eso no es ni leve caricatura del rico plato de la tierra de don Martiniano Alcocer Alvarez.

    Por fortuna nunca nos ha amargado el día la anorexia, que según los entendidos es la pérdida del apetito, aunque tampoco nos perturba la bulimia, que es el hambre canina, el estómago irrellenable de quienes no comen para vivir, sino que viven para comer. Otros auténticos gastrónomos tienen como afición aderezar sabrosos guisados, como mi viejo condiscípulo y testigo en el Registro Civil de la defunción de mi soltería, el doctor Pedro Aguilar Gurubel, gourmet que es un maestro en el aderezo del mondongo kabik y otros condumios regionales, que por su parte el que los consume tiene que chuparse los dedos.

    La historia nos habla de los más tremendos tragaldabas, también la literatura; como Pantagruel, famoso por el exceso de vianda, y Gargantúa, de insaciable voracidad, ambos frutos de la inspiración de don Pancho Rabelais, el humorista francés. Pantagruel es campeón por la abundancia inconcebible de sus alimentos, lo que no podría tener en México con la inflación constante y las fallas de producción.

    También se distinguen el general romano Lúculo, quien además de la comida como para que reviente el cinturón, le entraba a los vinos con una garganta electrónica. Y un emperador romano, Heliogábalo, fue popular porque nadie le llegaba ni a los tobillos en la empresa de consumir ricos manjares, como para proporcionar más votos electorales que la torta y el refresco.

    Un día vimos en céntrico comedero meridano a cuatro turistas yanquis, dos varones y dos féminas, cada uno con un suculento y atractivo plato de relleno negro. Una lo probó y por poco pega de gritos.

    Invitó a sus compañeros a empapar la lengua en ese humeante infierno y sólo uno se atrevió a catar aquello. Nomás un comilitón regional podría tolerar ese condumio tan recargado de cápsico, del cual nos enseñaron en la escuela ser el alcaloide que embravece a dicha solanácea y nada más lo toleran los bravos del embute.

    Los guisos vallisoletanos tienen el mismo prestigio que los propios de otras regiones yucatecas, como los huevos motuleños, los pollos ticuleños y el escabeche con pavo de monte del restaurante de doña Sara en Tekax, de donde provienen casi todos los Escalantes y que se puede repletar el buche con ese guiso sin ardores ni carreras posteriores.

    En cierta ocasión, en un desayuno en conocido merendero meridano, el entonces rector de la Universidad encontró debajo de la tostada en su ración de huevos motuleños, en vez del frijol duro, un hermoso cucarachón ya difunto, pero reacio a la cremación.

    Sin abrir el pico, retiró su ración y nadie se dio cuenta del desaguisado. Nos recordó cuando Papillón, invitado a tomar café en
una isla antillana de leprosos, advirtió que en el fondo de la tacita nadaba un pedazo del dedo de uno de los enfermos, una falange fugitiva. Pacientemente, sin exabrupto alguno, ingirió la infusión sin llegar al fondo. Delicadeza que envidiaría el más laureado de nuestros diplomáticos.

En Contexto

* Ubicación

* Cómo llegar a Valladolid

* Hospedaje

* Sugerencias para su estancia

 

Historia


* La primera chispa de la   Revolución

* El Plan de Dzelkoop,   ¿Chispa o simple   rebelión?

* El himno de Valladolid, su   historia

* Historia de Valladolid

Atractivos

* Los cenotes: atractivo   natural

* El Cenote Zací

* El Museo Regional de   Valladolid

* La arquitectura colonial   de Valladolid

La comida típica


* La Gastronomía de   Valladolid

* La buena mesa
  Por: Felipe Escalante Ruz

* La longaniza asada

* Lomitos de Valladolid

* Pollo Oriental de Valladolid

Arte Sacro


* El exconvento de San   Bernardino

* La Parroquia de San   Gervasio

* El Templo de la Candelaria

* El Templo de San Juan de   Dios

* El Templo de Santa Lucía

* Las celebraciones a la   Virgen de la Candelaria

Personajes


*Delio Moreno Cantón

*Ramón Mendoza Novelo

458o Aniversario de la Ciudad de Valladolid:


La sesión solemne de Cabildo para conmemorar el 458o. aniversario de la ciudad cambiaría de sede este año

La ceremonia sería en la cabecera y no en el paraje Choac Ha, como se acostumbre


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