Oro,
incienso y mirra

Oro,
- símbolo del Rey
Todos
sabemos lo que es el oro: el metal valioso que acostumbramos relacionar
con la riqueza y el poder. Antiguamente las monedas de más
alto valor eran de oro. Entonces no existía el papel moneda,
esto es, lo que hoy llamamos "billete". El oro traído
al pesebre de Belén fue, pues, un regalo simbólico.
Es como si al depositar a los pies del niño Jesús
el cofrecito con monedas de oro, el primer sabio de Oriente hubiese
dicho: "Te traigo oro porque reconozco en Tí al que
ha de tener más poder que todos los reyes de la tierra,
al que ha de ser Rey de los Reyes".
Incienso,
- símbolo de Dios
El
incienso es una resina olorosa que se quema en ceremonias religiosas.
Es un producto oriundo de Oriente.
El
uso del incienso como símbolo de adoración a Dios
o de respeto a cosas relacionadas con Dios, es una tradición
muy antigua, anterior al Cristianismo. El incienso sigue usándose
hoy en ceremonias religiosas de varias iglesias cristianas.
Lo
usan en su liturgia, por ejemplo, la Iglesia Católica Romana,
La Iglesia Ortodoxa Griega y la Iglesia Anglicana (inglesa).
El
incienso fue otro regalo simbólico en el pesebre de Belén.
Es como si al depositar a los pies del niño Jesús
el cofrecito conteniendo incienso, el segundo sabio de Oriente
hubiese dicho: "Te traigo incienso porque reconozco en Tí
al que todos han de reconocer como a su Dios verdadero."
Mirra,
- símbolo del hombre
La
mirra es una sustancia perfumada que los antiguos tenían
por un bálsamo precioso. Viene en forma de lágrimas
y tiene un color rojizo. He aquí, pues, características
que pueden convertir la mirra en un símbolo del hombre:
el color rojo representaría la sangre, la forma de lágrima
representaría el dolor. La mirra simbolizaría así
la sangre y el dolor del hombre convirtiéndose en bálsamo
para el género humano. ¿No fue Jesús, precisamente
bálsamo para nosotros al sufrir la tortura de la Crucifixión?
La
mirra constituye otro regalo simbólico en el pesebre de
Belén. Es como si al depositar a los pies del niño
Jesús el copón conteniendo mirra, el tercer sabio
de Oriente hubiese dicho: "Te traigo mirra porque reconozco
en Tí al Hijo del Hombre que ha de sufrir y derramar su
sangre por salvar a la humanidad doliente".