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Viajando por el tiempo.— Un relato sobre los Reyes Magos
Autor:Por Jorge LAVALLE ORTEGA

    Dicen por ahí que no hay como viajar. Cuando por alguna razón no se puede, disfrutemos aunque sea las crónicas de aquellas personas que han tenido la oportunidad de conocer otras latitudes. Una de esas crónicas proviene de un miembro de una familia de comerciantes venecianos de apellido Polo, que en el siglo XIII de nuestra era viajaron por el Asia Menor, Mongolia, China y Japón, cumpliendo inimaginables objetivos comerciales, religiosos, políticos y demás.

    Fueron tres los viajeros: dos hermanos sumamente hábiles y el hijo de uno de ellos, Marco, que al cabo de los años logró superar con creces las hazañas del padre y de su tío. El viaje de la familia Polo en su momento fue enriquecedor, tanto en lo económico como en lo cultural. Pero lo que resultó ser su más hermoso legado, lo que sorprende y maravilla, son las memorias de ese viaje, minuciosamente relatadas por Marco cuando al final de su vida se vio envuelto en problemas políticos y tuvo la tristeza de permanecer un tiempo en la cárcel. ¡Qué suerte para la humanidad ese cautiverio! ¡Qué grandeza de espíritu al haber dictado a un experto de origen francés las memorias de su viaje, aprovechando así, a la sombra, el tiempo de su condena!

    Con base en esas memorias se han filmado numerosas películas y
documentales para la T.V.; el último que recuerdo: “La ruta de la
seda”. Estando ahora en enero, al recordar uno de sus pasajes, transportémonos en tiempo y lugar a las tierras bíblicas y disfrutemos, como si ayer fuese hoy, la historia de los tres reyes magos.

    “Entre los habitantes de la antigua Persia, hoy la República de Irán, ahí por el siglo XIII de nuestra era, corrían múltiples cuentos y leyendas que hacían de la vida cotidiana una agradable forma de relacionarse y conocer su pasado. Una de esas leyendas relata que muchos años atrás, en la ciudad de Sava, ubicada en ese país, se reunieron tres reyes de ciudades cercanas con el objeto de conocer, adorar y tratar de descubrir las intenciones de un nuevo profeta llamado Jesús, que según los judíos había nacido en el pueblo de Belén de Judá, hoy de Israel.

    Los tres amigos, de nombre Melchor, Gaspar y Baltazar, convencidos de que podrían descubrir las intenciones del recién nacido, decidieron viajar hasta ahí y llevarle cada uno un regalo distinto.

¿Por qué? Uno le llevó oro, porque supuso: si toma el oro, seguro que cuando sea mayor su objetivo será la política, será un rey. El otro le llevó incienso, porque pensó que como el incienso servía para adorar a los dioses, El debería ser uno de ellos. Por último, el tercero decidió llevarle mirra, producto utilizado en las artes de la curación, porque se dijo: si toma la mirra, no hay duda que de grande será doctor.

     Ya estando en Belén, el primer rey fue a visitar al Niño Jesús, y
quedó maravillado, pues al verlo descubrió que, aunque recién nacido, era idéntico a él en todo. Así, maravillado, regresó con sus compañeros relatándoles lo sucedido; entonces el segundo rey fue como un bólido a conocer al recién nacido y ¡cuál fue su sorpresa!, sintió que en todo era igual a él mismo. Sorprendido regresó con sus compañeros y también les relató lo sucedido. “¡Imposible!”, dijo el tercero, “iré a ver qué es lo que sucede”.

    Al llegar, se encontró con el Niño Jesús y al verlo sintió que era igual a él mismo, que poseía toda su sabiduría, sus rasgos físicos y algo más, algo que no se podía explicar. En un instante estuvo de regreso con sus compañeros y al relatar lo sucedido los tres se maravillaron, pues cada uno por separado habían tenido idéntica sensación. Entonces decidieron ir juntos para confirmar lo que sucedía.

    Ya estando los tres reyes con Jesús, cuenta la leyenda, se
maravillaron, lo adoraron y le dieron los regalos. El —o alguien— los tomó, agradeció el afecto demostrado y en reciprocidad les dio un pequeño recuerdo. También les dijo: “Vayan en paz y guarden este regalito como un recuerdo de la fe que acaban de descubrir”. Los tres reyes se fueron muy contentos de regreso a casa, y casi al llegar, en un oasis, junto a un pozo natural, hicieron una parada. Después de reconfortarse, uno de ellos se acordó del regalito. “Abrámoslo para ver qué tiene”, dijeron los otros y sin más miramientos abrieron el regalito.

    Ante la sorpresa de los tres sólo contenía una piedrita. En ese momento no entendieron lo que la roca significaba, se sintieron estafados y tiraron la piedra al pozo. Al hacer contacto con el agua, como por obra de magia todo se iluminó y del pozo salió un enorme fuego. Hoy se explicaría como una explosión producida por una chispa generada al rozar la piedra con las paredes de un pozo natural de petróleo y sus vapores.

    Entonces, al ver el enorme fuego, los reyes comprendieron que el visitado, al tomar los tres regalos simbólicamente les dijo ser: “Dios, rey verdadero y médico, pero de almas”. Entonces comprendieron que debían ser en su nuevo credo fuertes, como esa piedra, y, como el fuego, con su resplandor, iluminar al resto de la humanidad con las bendiciones de la buena nueva”.

    ¿Les gustó? Qué bueno, así es la literatura. Disfrutémosla en todo momento, juguemos cual niños a ser “Marco Polo” y compartamos como él todas nuestras alegrías y hoy, 6 de enero, comuniquemos al mundo, con ese calor de fuego nuevo, las bendiciones de la buena nueva.— J.L.O.—

Mérida, Yucatán, enero de 2001.

En contexto


* Significado del día de reyes. Epifanía

* ¿Quiénes son?

* ¿De dónde vienen?

* Los reyes magos según San Mateo

* Los presentes: Oro, incienso y mirra

* La arqueología sobre los reyes magos

Canciones


* Los reyes de oriente

Feria de Reyes, Tizimín 2003

* Programa de eventos culturales
Recetas de reyes

* El significado

* Receta para la Rosca de Reyes

* Rosca de reyes (Como agua para chocolate)

* Chocolate (Como agua para chocolate)

 




La Navidad en México

¿No le parece?.— La Rosca de Reyes
Por Martha LAZCANO ARREDONDO

 



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