BUSCAR A DIOS
¿Qué pasa?
Con
esta fiesta culminan los días que hemos dedicado a recordar
y celebrar el nacimiento de Aquel a quien llamamos nuestro Salvador,
el Mesías, el Señor. Aunque las fiestas se han comercializado
bastante, también es verdad que la paz ha inundado el corazón
de muchos hombres y mujeres que se han sentido amados y amadas
por Dios.
¿Qué
nos dice la Palabra de Dios? El evangelio de hoy, de San Mateo,
presenta la adoración de los Magos. La tradición
popular, posteriormente, convirtió a estos personajes en
tres reyes, los representó y les dio nombre: Melchor, Gaspar
y Baltazar; su origen lo puso en los países más
lejanos: Arabia, Iraq e India; su vestimenta y cabalgadura así
lo manifiestan. Esto fue a partir de un libro que apareció
en el siglo VI aproximadamente llamado Libro Armenio de
la infancia. No está por demás conocer estos
detalles, sin embargo, el mensaje va mucho más allá.
El
texto de los sabios venidos de Oriente hay que verlo desde todo
el Evangelio y lo que presenta en sí mismo. Se presentan
en Jerusalén (la ciudad del rey) preguntando por el rey
de los judíos ¡Con qué razón se sobresalta
el rey y su ciudad! Y todavía agrega el Evangelio que estos
sabios lo andan buscando para adorarlo. Sale inmediatamente un
contraste interesante: los sabios lo buscan para adorarle mientras
que Herodes lo busca para matarle. Por otra parte, los Evangelios
se esfuerzan por decir que los primeros que reconocen y adoran
a Jesús (y a los primeros que El se manifiesta) es a los
más despreciados de su tiempo. Para los judíos aunque
algunas partes de sus escritos decían otra cosa los
extranjeros eran seres despreciables. El evangelio de San Lucas
habla de pastores (2,8ss) mientras que el de Mateo presenta a
unos extranjeros. Esto, que a veces se ha reducido a detalles
románticos, tiene mucho que decirnos. Posiblemente
el Evangelio se puede leer en estas dos perspectivas: la búsqueda
sincera de encontrarse con Dios para adorarle y la disposición
de los más despreciados por algunos o muchos para reconocer
al Mesías al mismo tiempo que la voluntad de Dios de manifestarse
a ellos. La
búsqueda sincera de Dios y el encuentro con El para adorarlo.
No es suficiente buscar a Dios y encontrarse con él; hay
que buscar al Dios verdadero y después ¡adorarlo!
es decir, darle el lugar que le corresponde y ofrecerle lo que
debemos. Herodes también quería encontrarse con
él pero seguramente para todo lo contrario. La actitud
verdadera de cada persona y comunidad no se reduce a la búsqueda
y encuentro con Dios sino a una búsqueda y un encuentro
auténtico que lleve a un compromiso de entrega. En cada
comunidad y ser humano en algunos más que en otros
existe el peligro siempre de reducir el encuentro con Dios a un
tranquilizante personal o a una costumbre; el rey Herodes también
se quería encontrar con él (y al principio logró
engañar a los sabios; es más, se interesó
y congregó a sus asesores, pero era con hipocresía
y malas intenciones).
Dios
se manifiesta a los más despreciados. Dios no es neutral.
Nodecimos que los sabios representan a las personas mejores moralmente
de su tiempo; lo que sí es seguro es que representan a
los despreciados, opta por los más marginados de su tiempo,
porque son los que más necesitan de la recompostura de
las relaciones, de la presencia del Reino, y son con mucha
seguridad los más dispuestos y libres de prejuicios
para aceptar a un Dios Verdadero.
Ahora
bien, el Evangelio nos presenta a los sabios siguiendo una
estrella del Oriente (Mt 2, 2) llamada estrella del rey de Judá.
La estrella es un motivo muy frecuente en la época del
Nuevo Testamento; se pensaba que cada quien poseía su estrella,
pero especialmente los grandes y los poderosos, como Alejandro
Magno, Mitrídates, Augusto, o los sabios y filósofos
como Platón. El judaísmo también sabe de
laestrella del libertador mesiánico, como aparece en la
profecía de Balaam (Num 24, 17). Con ocasión del
nacimiento de Abraham, de Isaac, de Jacob y, especialmente, de
Moisés, aparece una estrella en el cielo. Y ésta
sigue siendo la creencia judía en la época del Nuevo
Testamento.
A
esto hay que añadir un hecho histórico: desde los
tiempos de J. Kepler, los cálculos astronómicos
han demostrado que en el año 7 a. C. tuvo lugar realmente
una gran conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación
de Piscis. Este fenómeno no debió pasar inadvertido,
ya que en aquella época estaba muy en boga la creencia
en las estrellas. Para la astronomía helenista, Júpiter
era el rey soberano del universo. Saturno era el astro de los
judíos. La constelación de Piscis guardaba relación
con el fin del mundo. Al producirse la conjunción de estos
astros, los sabios de Oriente, magos que descifraban el curso
de las estrellas, hicieron lógicamente la siguiente interpretación:
en el país de los judíos (Saturno) había
nacido un rey soberano (Júpiter) del fin de los tiempos
(Piscis). Consiguientemente, se ponen en marcha y, de este modo,
se cumplen para Mateo las profecías acerca del Mesías
Jesucristo. Ciertos textos del Antiguo Testamento y un determinado
fenómeno astronómico habrían motivado, pues,
la intención del relato de Mateo.
¿A
qué nos comprometemos? Hay sin duda un mensaje y una exigencia
personal: salir de uno mismo para buscar a Jesucristo. Salir de
casa y buscar a Dios, como se busca a la persona amada, como se
busca el aire para respirar y vivir. Tarea para hoy y para todos
los días.
Pbros.
M.C.G. y T.T.B. Mérida, Yucatán, 7 de enero
de 2001. Correo
electrónico: ceballos@sureste.com / tapiato@hotmail.com