La arqueología hace revelaciones sobre los reyes magos

ROMA,
4 enero (ZENIT)- Los Reyes Magos no son personajes creados por
siglos de tradición cristiana. Su existencia, además
de quedar bien testimoniada en el Evangelio, ahora es documentada
por los descubrimientos arqueológicos.
Esta curiosa y extraordinaria revelación se encuentra contenida
en una tablilla, en la que se han acuñado caracteres cuneiformes.
Se trata de un auténtico documento astronómico y
astrológico (entonces las dos disciplinas eran hermanas
gemelas) que revela la existencia de una conjunción de
Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis en
el año 7 antes de Cristo.
Los Evangelios enmarcan el nacimiento de Jesús en tiempos
del censo del imperio ordenado por César Augusto, cuando
Quirino era gobernador de Siria, y en los últimos años
del rey Herodes, quien falleció el mes de marzo del año
4 a.C. Para los historiadores, Jesús nació unos
siete años antes del año «0». El evangelista
Mateo (2, 2) pone en relación el evento de Belén
con la aparición de una estrella particularmente luminosa
en el cielo de Palestina. Y es precisamente en este momento en
el que la tablilla de arcilla ofrece un testimonio particular.
Existen muchas hipótesis sobre la estrella que vieron los
magos ("magoi" en griego era la palabra con que se denominaba
a la casta de sacerdotes persas y babilonios que se dedicaban
al estudio de la astronomía y de la astrología)
y que les llevó a afrontar un viaje de unos mil kilómetros
con el objetivo de rendir homenaje a un recién nacido.
El 17 de diciembre de 1603, Johannes Kepler, astrónomo
y matemático de la corte del emperador Rodolfo II de Habsburgo,
al observar con un modesto telescopio desde el castillo de Praga
el acercamiento de Júpiter y Saturno en la constelación
de Piscis, se preguntó por primera vez si el Evangelio
no se refería precisamente a ese mismo fenómeno.
Hizo concienzudos cálculos hasta descubrir que una conjunción
de este tipo tuvo lugar en el año 7 a.C. Recordó
también que el famoso rabino y escritor Isaac Abravanel
(1437-1508) había hablado de un influjo extraordinario
atribuido por los astrólogos hebreos a aquel fenómeno:
el Mesías tenía que aparecer durante una conjunción
de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis.
Kepler habló en sus libros de su descubrimiento, pero la
hipótesis cayó en el olvido perdida entre su inmenso
legado astronómico.
Faltaba una demostración científica clara. Llegó
en 1925, cuando el erudito alemán P. Schnabel descifró
anotaciones neobabilonias de escritura cuneiforme acuñadas
en una tabla encontrada entre las ruinas de un antiguo templo
del sol, en la escuela de astrología de Sippar, antigua
ciudad que se encontraba en la confluencia del Tigris y el Éufrates,
a unos cien kilómetros al norte de Babilonia. La tablilla
se encuentra ahora en el Museo estatal de Berlín.
Entre
los numerosos datos de observación astronómica sobre
los dos planetas, Schnabel encuentra en la tabla un dato sorprendente:
la conjunción entre Júpiter y Saturno en la constelación
de Piscis tiene lugar en el año 7 a.C., en tres ocasiones,
durante pocos meses: del 29 de mayo al 8 de junio; del 26 de septiembre
al 6 de octubre; del 5 al 15 de diciembre. Además, según
los cálculos matemáticos, esta triple conjunción
se vio con gran claridad en la región del Mediterráneo.
Si
este descubrimiento se identifica con la estrella de Navidad de
la que habla el Evangelio de Mateo, el significado astrológico
de las tres conjunciones hace sumamente verosímil la decisión
de los Magos de emprender un largo viaje hasta Jerusalén
para buscar al Mesías recién nacido. Según
explica el prestigioso catedrático de fenomenología
de la religión de la Pontificia Universidad Gregoriana,
Giovanni Magnani, autor del libro «Jesús, constructor
y maestro» («Gesú costruttore e maestro, Cittadella,
Asís, 1997), «en la antigua astrología, Júpiter
era considerado como la estrella del Príncipe del mundo
y la constelación de Piscis como el signo del final de
los tiempos. El planea Saturno era considerado en Oriente como
la estrella de Palestina. Cuando Júpiter se encuentra con
Saturno en la constelación de Piscis, significa que el
Señor del final de los tiempos se aparecerá este
año en Palestina. Con esta expectativa llegan los Magos
a Jerusalén, según el Evangelio de Mateo 2,2».
«¿Dónde está el Rey de los judíos
que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido
a adorarle» preguntan los magos a los habitantes de Jerusalén
y después a Herodes.
La
triple conjunción de los dos planetas en la constelación
de Piscis explica también la aparición y la desaparición
de la estrella, dato confirmado por el Evangelio. La tercera conjunción
de Júpiter y Saturno, unidos como si se tratara de un gran
astro, tuvo lugar del 5 al 15 de diciembre. En el crepúsculo,
la intensa luz podía verse al mirar hacia el Sur, de modo
que los Magos de Oriente, al caminar de Jerusalén a Belén,
la tenían en frente. La estrella parecía moverse,
como explica el Evangelio, «delante de ellos» (Mt
2, 9).
Tomado
de Zenit