Publicación
del lunes 20 de noviembre de 2000
XC
aniversario de la Revolución
Vicisitudes
de la educación nacional
Por
Freddy J. ESPADAS SOSA
La
Revolución mexicana fue sin duda el primer gran movimiento del siglo
XX que logró transformar radicalmente las estructuras económicas,
políticas y sociales del país. Sin su análisis no puede entenderse
elproceso de modernización seguido por el país ni las características
que adoptó su desarrollo a lo largo de esta centuria.
Por las fuerzas motrices que la hicieron posible campesinos,
indígenas y obreros la Revolución tuvo un carácter eminentemente
popular; encarnó asimismo importantes demandas políticas y sociales
surgidos de la opresión, la injusticia y la desigualdad acumuladas
por más de 30 años de dictadura.
Por los objetivos que se trazó, la Revolución fue un movimiento
primordialmente democrático, ya que luchó por las libertades y derechos
sistemáticamente conculcados por la elite porfirista: libertades
de expresión, de manifestación y de creencias, el sufragio efectivo,
el derecho de huelga, la educación gratuita, el derecho a la tierra,
etc.
Siendo la educación pública, laica y gratuita uno de los más importantes
logros del movimiento revolucionario iniciado hace 90 años, es relevante
referir las vicisitudes históricas por las que aquélla tuvo que
pasar hasta cristalizar en lo que es hoy el complejo sistema educativo
nacional.
En la eclosión revolucionaria, el rubro educativo fue motivo de
honda preocupación, no obstante que en los planes revolucionarios
más importantes (San Luis, de Guadalupe, de Ayala, etc.) no se explicitaban
demandas sobre la materia. Sin embargo, el Programa del Partido
Liberal de los hermanos Flores Magón y otros precursores de la Revolución
sí recogió puntualmente este aspecto. En él se plantea la multiplicación
de las escuelas primarias, la obligación de impartir enseñanza laica,
la obligatoriedad de la instrucción hasta los 14 años y la importancia
de pagar salarios decorosos a los maestros.
En la etapa de escisión del movimiento, la Soberana Convención Revolucionaria
de abril de 1916 incluyó en su Programa de Reformas Político-Sociales
la necesidad de establecer escuelas rudimentarias en toda la república,
fundar escuelas normales en cada estado y elevar las percepciones
de los profesores.
Como es lógico entender, los años de conflagración son significativamente
adversos para el desarrollo de la tarea educativa; sin embargo,
en el período previo a la aprobación de la Constitución de 1917,
que le dio un cobijo muy relevante al rubro educativo, en los diversos
pronunciamientos, leyes y programas que se emitieron en medio de
la guerra entre las facciones, se aprecian plausibles esfuerzos
orientados a lograr que el pueblo tuviera acceso a la enseñanza.
En las efímeras administraciones de León de la Barra y Francisco
I. Madero es cuando se organiza la escuela rudimentaria, al amparo
de la ley aprobada en 1911, la cual, a pesar de su fracaso, representa
los primeros intentos serios por extender los beneficios de la escuela
hacia las clases campesinas y núcleos indígenas dispersos por toda
el país, orientado esto a alcanzar la unidad nacional, elemento
indispensable para impulsar el desarrollo económico del país.
En su informe rendido al Congreso de la Unión el primero de abril
de 1912, el presidente Madero refería que el Ejecutivo dedicaba
especial cuidado a la enseñanza, dictando las medidas más oportunas
para obtener un buen servicio. Señalaba que ya se había empezado
a poner en práctica el decreto del 1§. de junio de 1911 referido
al establecimiento de las escuelas de instrucción rudimentaria en
toda la República. Madero le dio impulso a la instalación de estas
escuelas, pero estaba consciente de las grandes dificultades presupuestales
que afectaban severamente la realización de esta ingente tarea.
A pesar de la situación de guerra que se vivía, Madero informaba
al Congreso el 12 de septiembre de 1912, que la Secretaría del ramo
había emprendido "importantes estudios sobre la mejor forma
de organizar y establecer, de manera definitiva, y con el mayor
provecho y extensión posibles, las escuelas rudimentarias en todo
el país; tiene en obra la revisión...de los programas de enseñanza
de las Escuelas Primarias y Normales y de la Escuela Preparatoria,
para conformarlos mejor con las exigencias de la moderna Pedagogía,
la que, como es sabido, persigue un triple fin educacional, científico
y práctico, con el que, a más de la cultura y la ilustración del
individuo, se obtiene la preparación conveniente de éste para bastarse
en la lucha de la existencia y ser un factor de provecho en la obra
colectiva del progreso nacional...".
En pleno enfrentamiento bélico, entre 1910 y el Constituyente de
Querétaro, la preocupación por la educación no disminuyó, realizándose
varios encuentros nacionales para debatir y ventilar sus más acuciantes
problemas: unificación, federalización, organización, financiamiento,
materiales y métodos. Los más importantes congresos y asambleas
realizados en ese lapso fueron: I Congreso Nacional de Educación
Primaria (CNEP), reunido del 13 al 24 de septiembre de 1910 en la
Ciudad de México, a convocatoria del ministro Sierra; II Congreso
Nacional de Educación Primaria, celebrado en septiembre de 1911
en la capital del país, convocado por el ministro Vázquez Gómez
e inaugurado por el presidente interino León de la Barra; III Congreso
Nacional de Educación Primaria, convocado por José Ma. Pino Suárez
y el gobierno de Veracruz, que se realizó a mediados de 1912 en
Jalapa; IV Congreso Nacional de Educación Primaria, con los auspicios
del gobierno del estado de San Luis Potosí y la Secretaría de Instrucción
Pública y Bellas Artes, a cargo del Lic. José Ma. Lozano, que se
realizó a partir del 1§. de octubre de 1913 en ese estado; Congreso
Nacional de Educación, celebrado en la ciudad de México a mediados
de 1914, convocado por la Secretaría a cargo de Félix F. Palavicini.
El gobierno de la Soberana Convención, paralelo y rival del régimen
de Carranza, promulgó en noviembre de 1915 la Ley sobre Generalización
de la Enseñanza, en la que se declara que la Enseñanza Nacional
es de la competencia del Gobierno Federal, estipulándose igualmente
que será gratuita, obligatoria y laica.
El
Constituyente y la educación nacional
El
esfuerzo educativo, prácticamente interrumpido por la Revolución
y la guerra civil que asoló al país, sólo pudo ser reemprendido,
no sin grandes dificultades, con el ascenso y dominio hegemónico
de la facción constitucionalista, liderada por don Venustiano
Carranza.
El rumbo fundamental en el ámbito de la educación sólo se marcará
cuando los constitucionalistas impulsan un gran debate nacional
cuyos resultados habrían de darle al país la estructura de un
nuevo Estado políticamente centralizado. Los logros alcanzados
por el Constituyente de 1916-1917 al pactar y condensar
en una nueva Carta Magna las más importantes demandas sociales
acrisoladas en toda la lucha revolucionaria le permitieron
al país transitar, no sin sobresaltos posteriores, por un proceso
de institucionalización de su vida económica, política, social
y cultural.
Los debates que adquirieron mayor importancia en el Constituyente
de Querétaro fueron los relativos a la educación y a las cuestiones
laborales, religiosas y agrarias. Resaltando este aspecto, el
Gral. Múgica señalaba en la sesión del 3 de diciembre de 1916:
"Estamos en el momento más sobresaliente de la revolución...ningún
momento, señores, de los que la revolución ha pasado, ha sido
tan grande, tan palpitante, tan solemne como el momento en que
el Congreso Constituyente aquí reunido trata de discutir el artículo
3§. de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos...se trata
nada menos que del porvenir de la patria, del porvenir de nuestra
juventud, del porvenir de nuestra niñez, del porvenir de nuestra
alma máter, que debe engendrarse en principios netamente nacionales
y en principios netamente progresistas...".
Con la aprobación del artículo Tercero, la Revolución moldea una
nueva escuela mexicana, de acuerdo con las tendencias que la significaron:
carácter laico y nacional; gratuidad; responsabilidad del Estado.
En materia educativa, con base en la Constitución de 1917, Carranza
se propuso dar prestigio, responsabilidad y fuerza a los Ayuntamientos,
y el 28 de febrero de ese año les entregó las riendas para dirigir
la educación, aunque los resultados fueron desastrosos, ya que
el municipio se había vuelto botín de caciques, jefes de armas
y políticos locales, quienes sustraían considerables recursos
económicos. La Secretaría de Instrucción y Bellas Artes fue suprimida
por la Ley de Secretarías de Estado del 13 de abril de 1917.
No obstante estos serios desatinos, las preocupaciones educativas
de Carranza pueden apreciarse cuando el 15 de abril de 1917 informa
al Congreso de la Unión que "a pesar de los trastornos que
naturalmente se originan de un período tan largo de guerra como
el que hemos sufrido, se ha tomado el mayor empeño en conservar
abiertos y dedicados al servicio público el mayor número de establecimientos
oficiales que ha sido posible, creando cuantos más establecimientos
nuevos se ha podido para ofrecer mejores oportunidades educativas
a toda la población escolar".
En otro informe, Carranza refiere que "los Ayuntamientos
han recibido las escuelas elementales, superiores nocturnas y
jardines de niños", reconociendo dos años después que a pesar
de que los Ayuntamientos tienen a cargo la Instrucción Primaria,
de conformidad con la Ley de 13 de abril de 1917, éstos "no
han logrado aumentar el número de escuelas, según las necesidades
de la población actual, ni sostener las que se hallan abiertas
y por ello el Gobierno se ha preocupado de fomentar la iniciativa
privada, ayudando al establecimiento de centros educativos".
La política descentralizadora del carrancismo no dio resultados
positivos, pues al poco tiempo que los ayuntamientos se hicieron
cargo de las escuelas primarias y jardines de niños, se demostró
que estas instancias no estaban capacitadas para esta compleja
tarea, ya que su administración y funcionamiento requerían de
una preparación científica y pedagógica, así como de ingresos
suficientes para llevar a la práctica los principios de laicidad,
obligatoriedad y gratuidad. En la práctica, esta política se enfrentó
a múltiples problemas como la necesidad de edificios, organización,
legislación y administración.
El primer período de estabilidad en materia educativa se inicia
en 1921, con el gobierno del general Obregón, quien el 1§. de
septiembre de este año informaba que el Ejecutivo "ha dedicado,
y continuará dedicando, atención muy preferente a la educación
popular, por ser ésta la función más importante y trascendental
del Poder Público, la más noble institución de los tiempos actuales,
y, al propio tiempo, en alto grado fecunda para el bienestar social
y económico de nuestros conciudadanos, no menos que para su mejoramiento
moral y cultura cívica; pues su más amplia difusión en todos los
ámbitos del país hará imposible el restablecimiento de la tiranía
que por tantos años ha deshonrado nuestra historia."
El primer paso de gran trascendencia que dio el gobierno de Obregón
fue la restauración de la instancia ministerial que iba de nueva
cuenta a centralizar y regular, desde una perspectiva nacional,
la ingente tarea educativa. Al frente de esta instancia designa
a José Vasconcelos, hombre con una capacidad excepcional, gran
visión y enorme energía, a lo que aunaba un auténtico deseo de
que el pueblo acceda a la educación.
La SEP fue creada mediante ley de fecha 29 de septiembre de 1921.
Vasconcelos había sido efímero secretario de Instrucción Pública
y Bellas Artes del primer gobierno de la Convención, a cargo de
Eulalio Gutiérrez, del 7 de diciembre de 1914 al 15 de enero de
1915. Vasconcelos permaneció como titular de la cartera de educación
en el gobierno de Obregón, del 2 de octubre de 1921 al 2 de julio
de 1924. Con la creación de la SEP dio inicio una etapa trascendental
que condujo a la conformación del sistema educativo nacional.
(Continuará)
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