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Básicos de la Reforma Juarista
Tomado de Ediciones del Gobierno
del Estado de México, derechos registrados ISBN: 968-484-065-9
La primera mitad del siglo pasado constituye
una de las épocas de mayor trascencendia en la vida política,
social y económica de la República Mexicana. No fue
suficiente la Independencia del país, lograda a base de tantas
luchas violentas para lograr la transformación de Mexico;
las viejas estructuras coloniales no podían modificarse en
unos cuantos años y por el solo hecho de declararse la emancipación,
mayormente cuando en el movimiento independentista de 1821 fueron
las viejas clases priviliejadas, con Iturbide como instrumento,
las que apoyaron decididamente ese movimiento ante la posibilidad
de que la Constitución del Cadiz, nuevamente declarada vigente
en España, pudiera influir en algunas medidas liberales.
Por ello la alta jerarquía de la Iglesia, el ejército
colonial y los grupos privilejiados, intervinieron con el objeto
de conservar las estructuras coloniales, que consagraban una gran
desigualdad.
Los partidiarios de una nueva forma social y
ecónomica tuvieron que luchar en forma resuelta, a partir
de 1821, para lograr los cambios que permitieran nuevas formas de
vida ecónomica y social, en tal forma que no fue fácil
lograr esos cámbios. Una de las manifestaciones de mayor
enjundia va a aser la pugna entre la Iglesia, que tenía funciones
muy amplias, frente a nuevo estado que trata de lleva una actividad
acorde con el mundo moderno, representando en aquellos momentos
por la metamorfosis operada en Europa con la Revolución Francesa.
La pugna tuvo que ser a fondo y se dio en todos
los ámbitos de la nueva nación, que poco a poco tuvo
que penetrar a las diversas clases sociales y modificar no solamente
las trabas ecónomicas hechas para que un imperio colonial
obtuviera los mayores provechos para la metrópoli, sin tomar
en consideracion las necesidades de toda índole de la nación
cuyos recursos eran aprovechados por el gobierno colonial y por
las clases ligadas a ese gobierno.
En esas condiciones resulta muy explicable que
el movimiento y los enfrentamientos con el nombre de la Reforma
-que se refiere a los cambios políticos, sobre todo en la
Iglesia católica y el Estado Mexicano- no puedan ser comprendidos
si no se marcan con claridad os antecedentes que la hicieron posible
y los diversos factores, internos y externos, que hicieron factible
la transformación socio-política de la que deriva
el Mexico de nuestros días. Nuevos senderos tuvieron que
ser recorridos para la formación de una nueva nación,
que se a ido realizando a través de algunos siglos, pero
que en algo más que en siglo y medio de vida independiente
ha sido tan transformada.
Sabemos que un país no es el resultado
de ciertos hechos aislados; se necesita un aprolongada sedimentación
ara integrar una nueva nación. Recordemos que el principio
de las nacionalidades a sido un proceso por el que han pasado la
mayor parte de las naciones modernas, y desde luego ha sido el proceso
por el que pasaron los países Europeos, de los que Francia
ha sido el arquetipo de integración. Por tanto, es preciso
puntualizar en qué forma se ha logrado llegar al México
que se aproxima a los finales del siglo XX.
Cuando recordamos que los iniciadores de la Independencia,
con Hidalgo, Allende y los primeros y los primeros luchadores que
querían una nueva nación, es porque consideraban que
había la suficiente capacidad para proclamar su propia vitalidad.
Entre los precursores es oportuno recordar a Francisco Javier Clavijero,
jesuita emigradod e Italia, a raíz de la expulción
de la Compañía de Jesús, y junto a este personaje
se encuentran otros de los expulsados en 1767, como Francisco Javier
Alegre, Manuel Fabri, Andrés Cavo; el poeta Landívar,
el de la Rusticatio Mexicana; Maneiro y otros que sentaron las bases
ideológicas de lo que sería la futura nacionalidad,
entendiendo que esta debería encaminarse por sendas del progreso.
Los cambios que tenían que producirse
serían en todos los órdenes, en vista de las graves
diferencias sociales. El obispo Abad y Queipo, al hacer referencia
a la situación económica, señalo esas condiciones
de grave desigualdad: " Ya digimos que la Nueva España
se componía con corta diferencia, de cuatro millones y medio
de habitantes, que se pueden dividir en tres clases: Españoles,
Indios y Castas. Los Españoles compondran un décimo
del total de la población, y ellos solos tienen casi toda
la propiedad y riquezas del reino. Las otras dos clases, que componen
los nueve décimos, se pueden dividir en dos tercios, los
dos de castas y uno de indios puros. Indios y Castas se agrupan
en los servicios domésticos, en los trabajos de la agricultura
y en los ministerios ordinarios del comercio y de las artes y oficios,
es decir que son criados, sirvientas y jornaleros de la primera
clase. Por consiguiente, resulta entre ellos y la primera clase
aquella oposición de intereses y de afectos que es regular
entre los que nada tienen y los que lo tienen todo, entre los dependientes
y los señores. La envidia, el robo, el mal servicio por parte
de los unos; el desprecio, la usura, la dureza por parte de los
otros. Estas estultas son comunes hasta cierto punto en todo el
mundo, pero en America suben a muy alto grado, porque no hay graduaciones
o medianías: son ricos o miserables, nobles o infames. (Estado
moral del Virreinato de Nueva España en 1799).
No es casual que parte de las controversias se
dieran entre el Estado y uno de los elementos más fuertes,
que era la Iglesia católica. Por elloen México a travez
de los siglos(tomo IV), se señala el dominio del clero, que
había conbatido a los propios virreyes. El dominio se extendía
sobre las almas y los cuerpos, es decir, en lo espiritual y material.
Contaba para su influencia: "con los diezmos, las claverías
de las Iglesias, y lo que más valía aun, con las llaves
del reino de los cielos: jamás una lucha mas formidable pudo
formarse contra la causa de un pueblo; y fue ello tan posible que
subsistió aún después de hecha la Independencia,
atravesando inperturbable hasta 1833, una serie de veintidós
años en que todo lo demás se desnaturalizó,
cambió o recibió al menos un nueva forma. Fue un coloso
de rodas, bajo el que todo páso permaneciendo él inmutable:
solo el tiempo podría encargarse de destruírlo".
Con todos estos antecedentes, es lógico
que apenas iniciada la Independencia, se presente el conflicto entre
la Iglesia y el Estado si durante la colonia la unidad de la Iglesia
y el Estado a través del patronato se dio muy estrecha, al
hacerce la enmacipación el clero quiso conservar los privilegios,
pero no las obligaciones. A través del Real Patronato el
monarca podría hacer la proposición de los nombramientos
de dignatarios eclesiásticos, mas esa proposición
se convirtió con el tiempo casi en nombramiento. Por ello
no es extraño que algunos funcionarios de la Independencia
fueran partidiarios de conservar el patronato. Así se explica
la pugna tan compleja que se presentó y que había
de culminar en la Guerra de los Tres Años o de Reforma, durante
la cual se expedirían las leyes de ese nombre, y entre todas,
las relativas al Registro Civil.
Fueron muy diversas las tendencias que se manifestaron
con el movimiento de Independencia incluso algunos pensaban que
debería ejercese el Patronato por el gobierno. Tan es así
que la Constitución de 1824 en su artículo 110 expresaba:
"XX. conceder el pase o retener los decretos conciliares, bulas
pontificias, breves y rescriptos, con consentimiento del Congreso
General, si contienen disposiciones generales; oyendo al senado
y en sus recesos al consejo de gobierno, si versaren sobre negocios
particulares o gobernativos; y la Corte Suprema de Justicia, si
se hubieren expedidos sobre asuntos contenciosos".
La primera manisfestación jurídica
para establecer un equilibrio en esas relaciones se presenta con
la Administración del Presidente Valentín Gómez
Farías, de 1833-1834. El Gobierno liberal y republicano tenía
otros problemas debido a que no se reconoció la Independencia
Mexicana por España hasta el año de 1836. El gobierno
mexicano trató de establecer relaciones con el vaticano y
se envían algunos emisarios; sin embargo resulto en fracaso
diplomático y nulos los esfuerzos de México.
Una muestra de cómo se va gestando el
movimiento reformista lo tenemos en el concurso que convoca el gobierno
de Zacatecas, presidido por don Francisco García, en 1831.
Se concretaba, básicamente a la calidad de los bienes eclesíasticos
y a la intervención que podría tener la autoridad
civil. El concurso es ganado por el teólogo José María
Luis Mora, quien se inclina abiertamente por la intervención
de los bienes eclesiásticos. La situación es muy clara
desde el punto de vista económico, porque la iglesia era
la principal institucion por su riqueza, fenómeno muy explicable
si se piensa en los antecedentes coloniales, tanto la influencia
espiritual como de su unidad con el Estado.
Las luchas siguen a lo largo de dos décadas,
sin en que un momento disminuyera el choque, porque a los intereses
doctrinarios se unen los intereses económicos, expresados
por periodistas y escritores liberales y conservadores.
Fracasada la Reforma con Gómez Farías,
la reacción conservadora va a favorecer, desde 1834 a 1846,
los intereses de la iglesia. Si en breve tiempo el gobierno dejó
de ser intrumento secular de dicha institución y suprime
la obligacion de pagar los diezmos, se derogan las leyes civiles
para la coacción en el cumplimiento de los votos monásticos
y e problema de los bienes se plantea, pronto se vuelve ala situación
anterior. Sin embargo, la idea secularizante va avanzando, a pesar
que el gobierno centralista de 1843 restablece la Compañía
de Jesús. La guerra de 1846-1847, ante la invación
norteamericana y la bancarota del estado, va a servir nuevamente
para plantear la cuestión, ya que nuevamente Gómez
Farías en el poder, como vicepresidente, aunque Santa ana
sea el titular, va a tratar de hipotecar los bienes eclesiásticos,
para fines de defensa.
La respuesta es la rebelión de los polkos
auspisiados por militares y altos eclesiásticos, aunque fracasa.
El proceso de acomodamiento a las fuerzas políticas
va a continuar por largo tiempo. Lo que algunos investigadores llamaron
la sociedad fluctuante va a continuar: la vieja sociedad colonial
no acababa de modificarse, en tanto que el nuevo estado mexicano,
tanpoco se integra ni se consolida, por lo que las fuerzas de la
nueva nación son escasas y se manifiestan en la desunión,
aun ante los invasores. Por ello es importante hacer una referencia
amplia a esa expresión normativa con sus antecedentes fundamentales
y su proceso de formación.
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de imagen - El ejemplo de Juárez -
Por Sara VILLANUEVA DE A.
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