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El chivizcoyo, una codorniz cantora

    Poco conocido debido a su naturaleza tímida y escurridiza, el chivizcoyo, Dactylortyx thoracicus, chibilub o codorniz dedilarga es quizá la variedad de ave menos conocida en la Península de Yucatán, por lo restringido del medio en que se encuentra.

    Su presencia en el país está limitada a una pequeña parte de los estados de Guerrero, Tamaulipas, Veracruz, partes altas de Chiapas y las tierras bajas del bosque tropical de la península yucateca, en donde los ejemplares son un poco más pequeños que los del resto del país.

    La limitación de su hábitat y la destrucción de éste son los dos principales factores que han convertido al chivizcoyo en una especie en peligro de extinción.

    Puede ser considerada una variedad casi desconocida de codorniz, con una imagen hasta cierto punto cómica, debido a su pequeño cuerpo y a sus desproporcionadas patas largas. El largo de sus uñas también es singular, ya que las tiene casi del mismo tamaño que los dedos.

    Esta escurridiza ave es de tamaño mediano y cola muy corta. Tanto el macho como la hembra son muy parecidos. Sus partes superiores son café castaño con manchas negras, olivo y mate.

    Tienen un color naranja brillante en el cuello y una línea sobre los ojos. Las partes inferiores son de color café olivo pálido con línea blancas.

    De acuerdo con Pronatura Península de Yucatán, A.C., quizás su naturaleza tímida y escurridiza la convierta en una de las variedades más interesantes de codornices, ya que se ha adaptado a medio ambientes tan diferentes como los altos bosques nublados y los bosques de encino, y las tierras bajas de Yucatán, con vegetación arbustiva desarrollada como resultado de las cortas quemas y de la selva tropical original.

    Cuando el chivizcoyo se topa con un ser extraño emprende furtiva carrera y, si realmente se siente perseguida, un vuelo rápido y corto, como la mayor parte de las codornices, para esconderse entre la vegetación baja.

    Sus largas uñas se adhieren con fuerza a las ramas caídas o rascan nerviosamente el suelo en tanto sus ojos curiosos y asustados atisban entre los arbustos. Debido a que no es una pieza preferida por los cazadores, por lo poco conocida y atrayente (mayormente hallarse con una codorniz tan desgarbada provoca sorpresa), casi siempre sale ilesa de su escondite, salvo en las ocasiones en las que el cazador lleva un perro que opta por seguirle.

    Sin embargo, esta ave tiene un privilegio del que carecen otras de su especie: su canto admirablemente melodioso y complicado que, según los que han intentado describirlo, "consiste en una serie de cuatro silbidos penetrantes y fuertes que poco a poco aumentan de intensidad y de frecuencia y se complementan con una serie de escalas rápidas formadas de notas de intensidad diferente". Acompañan los trinos leves gorgeos y, al parecer, sólo los machos cantan.

    Los chivizcoyos tienen una época de reproducción larga que se extiende desde marzo hasta agosto en casi todas las regiones en las que habita, aunque no se conoce ni el número de la nidada ni el tiempo que dura la incubación. Sin embargo, se tiene conocimiento en Yucatán de algunas hembras que han incubado nidos con cinco huevos.

    Las patas de los chibilubes son fuertes para escarbar la tierra, ya que constituyen su mejor herramienta para conseguir su comida.

    Entre sus alimentos preferidos se encuentran los bulbos de diversas plantas, larvas y pulpas de diversos insectos que originalmente se les puede hallar sólo escarbando la tierra. Entre los insectos preferidos están los ciempiés, grillos y gorgojos; las semillas tampoco faltan en su dieta.

    Aunque el mejor hábitat para el chivizcoyo son los bosques húmedos y frescos que no hayan sido pastoreados o quemados (lo cual se debe a su preferencia por alimentarse con el humus), se ha adaptado bien a la selva baja de Yucatán. Empero, en ambos casos el hecho de que el hombre claree los montes para sembrar sus milpas, dedicarlas al pastoreo o con el simple motivo comercial de vender la madera, propicia que el ya de por si reducido hábitat del chibilub se vuelva prácticamente inexistente.

(Ilustración: Jorge Rivas Cantillo)



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