|
Publicación del sábado 30 de septiembre de 2000
Nueva ofensiva
La Constitución
Luis Javier GARRIDO
Los intereses más conservadores del
país incrustados en el próximo
gobierno, en vez de desmantelar al sistema priísta, lo que
están buscando ahora en una nueva ofensiva es desmantelar,
por el contrario, a
la Constitución de 1917, y ante la gravedad de esta
situación muy pocos parecen darse por aludidos.
1.
La pretensión del gobierno que encabezará Vicente Fox de modificar de manera sustancial la Constitución General de la República
e incluso de expedir
otra Constitución que sustente al nuevo régimen
político, tal y como lo hizo público Porfirio Muñoz Ledo
en nombre de la Mesa
de Reforma del Estado ("Proceso" 1247 y "Reforma"
del 25 de septiembre),
constituye un verdadero escándalo, no sólo por la vía
antidemocrática que se pretende seguir para imponerle estos
cambios fundamentales
al país, sino por el probable contenido de los mismos,
dada la composición de la citada Mesa, y que ya se anuncia
olvidándose que el próximo gobierno se ha asumido como de
transición y que, por lo mismo, no tiene legitimidad alguna para un cambio
de estas dimensiones.
2.
El mecanismo propuesto para modificar la Constitución es en extremo
preocupante, ya que, según estas informaciones, los tres
académicos que redactaron
el proyecto, carentes de la mínima cultura jurídica,
están proponiendo nada menos que modificar previamente el
Artículo 135 para suprimir
la intervención de las Legislaturas estatales en el
proceso de reformas a la Constitución, a fin de que sean
los partidos políticos
en una negociación cupular con el gobierno los que, en "una
nueva Comisión", aprueben los cambios que serían enviados
al pleno de las Cámaras.
Sin proceso alguno de discusión pública, estos cambios
se presentarían a la ciudadanía para ser convalidados, culminando
así ese mecanismo elitista
que conduce de manera inevitable a fortalecer
la tendencia a la partidocracia, a la que acudieron tanto
Salinas como Zedillo
ante el proceso de descomposición del PRI.
3.
La soberanía nacional reside en el pueblo, según el Artículo 39, pero para los autores de esta propuesta la soberanía debe residir
en las elites políticas
y empresariales de México, que pretenden
arrogarse el derecho de modificar la Constitución a su antojo, cuantas veces sea necesario, borrando de unos cuantos plumazos
la historia nacional.
4.
La Constitución Mexicana, parece olvidarse, es, a pesar de todas las limitaciones que tuvo de origen y de más de 400 modificaciones
que le hicieron 16 gobiernos en poco más de 70 años, un producto
de nuestras luchas sociales y su contenido no puede seguirse manoseando
de manera impune como lo hicieron esos 16 gobiernos sustentados
en el partido de Estado,
que le impusieron a espaldas de los mexicanos
múltiples cambios desafortunados, cuando no verdaderas
contrarreformas.
5.
Los partidos políticos no tienen, por otra parte, legitimidad alguna para meterle mano a la Constitución en arreglos cupulares
y a espaldas del pueblo
mexicano, como lo hicieron impunemente a lo largo
de los sexenios de Salinas y de Zedillo, ni mucho menos para
producir una nueva
Constitución, como pretenden hacerlo, y para lo cual sus
legisladores no fueron electos. No se puede desconocer que
los diputados y senadores del PRI y del PAN votaron casi sin excepción
todas las contrarreformas neoliberales de los sexenios de
Salinas y de Zedillo,
y que los del PRD no se quedaron atrás en muchos casos
trascendentes: como la contrarreforma al Artículo 3o. de
1990, por la cual se
buscó abrir la vía para la privatización de las universidades
públicas.
6.
El aspecto más curioso de este proceso que la burocracia gobernante está llamando "la transición mexicana" no lo constituye
el hecho de que la
misma se halla en manos de representantes del "antiguo
régimen", que en los últimos años negociaron la reconversión
neoliberal del Estado mexicano, sino que lo que parece buscarse
es sobre todo profundizar
la reconversión neoliberal del Estado mexicano, es decir acentuar las políticas monetaristas de
desregulación impuestas por los organismos financieros
internacionales. No es de extrañar por ello que, de acuerdo
con lo que se ha informado,
la mayor parte de las propuestas de los notables
de esta Mesa estén siendo para modificar además de algunos
principios de contenido
político, los artículos 3o. (educación) y 27 (tenencia
de la tierra). Es decir, que tras una aparente reforma política
democrática, lo que aparece es la tendencia de sentar las
bases para legitimar al Estado neoliberal.
7.
El nuevo gobierno no puede tener consenso alguno para hacer nuevas contrarreformas a la Constitución, pues si bien el gobierno
de Washington y los
sectores conservadores del país pretenden que
se promulgue
aquí un marco constitucional neoliberal, amplios sectores
de mexicanos siguen defendiendo una carta constitucional
en la que se consignen
los derechos individuales y sociales de los mexicanos, se
rectifiquen las contrarreformas salinistas y se someta a
los gobernantes al control de la sociedad y a la fuerza de la Ley.
8.
La iniciativa de Vicente Fox para modificar la Constitución
mexicana pone así, una vez más, de relieve algo que muchos
han querido desconocer,
y es el hecho de que ni el PAN ni el PRD tuvieron
durante la campaña de 2000, ni tienen ahora, un proyecto
de transición, y que a) como partidos políticos funcionales al
FMI y al Banco Mundial,
han aceptado seguir modificando las leyes mexicanas a
fin de facilitar la preminencia de las trasnacionales para
mantener el mismo modelo
económico, además de que, b) acostumbrados a los
arreglos y componendas por debajo de la mesa, en lo político
sólo plantean una recomposición
del "sistema" de dominación en el que se
garanticen los intereses económicos dominantes y sólo haya
un reacomodo de los
actores.
9.
La supuesta transición "de terciopelo" está quedando de
tal manera en un simple
reacomodo de los grupos tradicionales al pretender
desconocerse, por la connivencia de intereses existentes,
que en el caso de México las estructuras antidemocráticas se han sustentado
esencialmente no en el régimen constitucional sino en un
sistema político y
económico de facto. Por eso es prioritario desmantelar ese
sistema antes que pretender modificar las leyes: prohibiendo
al Partido de Estado,
acabando con el corporativismo, estableciendo
tribunales independientes, revisando las privatizaciones
de los dos últimos
sexenios, recuperando para la Nación lo que está en manos del
salinismo, aplicando la ley y enjuiciando a cientos de criminales
de Estado, retirando
al ejército de las comunidades indígenas de Chiapas, terminando con las prácticas de corrupción de siete
décadas.
10. El proyecto de una "nueva Constitución", redactado
en petit comité por académicos
y empresarios ignorantes y reaccionarios que pretenden relegar a los ciudadanos al triste papel de aprobar ese paquete
de cambios, es contrario
no sólo a nuestra historia sino también al
reclamo social de los últimos años en el sentido de que todo
debe ser discutido desde
la base de la sociedad, por los pueblos y las
comunidades de México entero: por la soberanía nacional, que
no reside en los partidos.—
L.J.G.— México, D.F., septiembre de 2000. | |