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Publicación del martes 9 de febrero de 1999

La Constitución de 1917

Ni respeto ni autoridad

Julio FAESLER

     Acabamos de celebrar un aniversario más de nuestra Constitución.  Primera del Siglo XX que consagrara principios de justicia social,  fue en su momento la más adelantada en el mundo. De haber sido bien  aplicada podría habernos asegurado una alta calidad de vida a todos.

   No fue así. Hace mucho tiempo que la Constitución dejó de  encuadrar con claridad y coherencia el rumbo nacional. Las 372  reformas que se le incorporaron a lo largo de sus 82 años de  vigencia mucho la torturaron. La obligaron a seguir los meandros  que recorrieron los sucesivos gobiernos de la "Revolución" según  iban abrazando el corporativismo estatista, el desarrollismo  industrial, el centralismo populista o el agresivo neoliberalismo  actual.

   La obsesión por seguir reformando la Constitución parece  irresistible. Ya llevamos cinco modificaciones aprobadas en la  actual LVII Legislatura y están pendientes muchas más. Hace días se  añadió otra: esta vez se pretende privatizar la industria eléctrica.

   No sólo eso. La idea de que sólo la inscripción en el cuerpo  constitucional asegura la aplicación de un precepto ha llevado al  Ejecutivo a promover ante un Congreso tradicionalmente dócil  adiciones sin coherencia ni simetría jurídica. Hay artículos como  el 27, el 73 o el 123 de una desproporcionada extensión. Sus  minuciosidades son impropias de una Ley Fundamental.

   Estamos, pues, frente a una Constitución desdibujada,  distorsionada por adaptaciones a impredecibles circunstancias  coyunturales, que ha perdido su respetabilidad y autoridad.

   REFORMA CONSTITUCIONAL

  Lo que debe esperarse de la  Constitución es el trazo de los objetivos nacionales fundamentales  que merecen el consenso nacional y de la estructura del Estado al  que se le encarga su realización. En ella se definirán los  mecanismos que nos doten de las leyes secundarias y a las cuales  habrá que remitir una gran porción del detallado articulado  constitucional actual.

   Los principios constitucionales servirán de marco, pero sin  especificarlas, a las "políticas de Estado" que vayan definiendo de  tiempo en tiempo el Ejecutivo y el Legislativo, de acuerdo con las  visiones que aporten los partidos que los tripulan.

   Urge la confección de una nueva norma básica para nuestra  convivencia en el próximo milenio. La realización de semejante  tarea ha de encargarse lo antes posible, aun dentro del presente  sexenio, a un selecto grupo de académicos, políticos y  representantes de sectores sociales que, sin banderas partidarias y  explorando experiencias nacionales y extranjeras, produzcan la  propuesta de un sencillo texto constitucional.

   Temas relativos a las grandes metas sociales del país, a las  garantías de un efectivo estado de derecho, al desarrollo de una  democracia participativa en lo político y lo económico en la que se  definan las relaciones entre los actores productivos del país dando  su apropiado lugar a las organizaciones sociales, a la fijación de  los objetivos sociales del sistema tributario, al trazo de un nuevo  federalismo, la consolidación del municipio libre, a la  articulación, la incorporación y desarrollo de las culturas y  comunidades indígenas a la vida nacional son asuntos que requieren  nuevas definiciones constitucionales.

   Ejemplos de otros elementos que se requiere abarcar en una nueva  Constitución son:    1. Incluir el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular y  la revocación ciudadana de decisiones administrativas.

   2. Redefinir las facultades de cada cámara legislativa.

   3. Separar las funciones de Jefe de Estado de las de Jefe de  Gobierno.

   4. Precisar las normas de exigibilidad de los funcionarios  públicos y representantes populares.

   5. Ajustar las normas de confección, aprobación y vigilancia de  los presupuestos federales.

   6. Sujetar a ambas cámaras legislativas la negociación y  suscripción de los tratados internacionales y su interpretación al  Poder Judicial.

   7. Reconocer a las organizaciones no lucrativas de la sociedad  civil como factores del desarrollo nacional.

   EN SUMA.- ¿Servirá de algo, sin embargo, emprender el complejo  trabajo de cambiar nuestra Constitución por otra? Si se trata de  dotar a México de una norma básica para adecuar nuestra convivencia  a las circunstancias del Siglo XXI, la respuesta tiene que ser  afirmativa.

   ¿Queremos realmente una nueva Constitución, una guía que  respetemos de nuestra vida nacional o simplemente un nuevo pizarrón  en el que seguiremos borrando y reescribiendo y amoldando la  Constitución a nuestros caprichos pasajeros?- J.F.- Coyoacán, D.F.,  febrero de 1999.
En contexto

* La Constitución vigente

* Historia de la Constitución Mexicana

* Congreso de la Unión de 1912-2001

Análisis del concepto: constitución política

Editorial


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