|
Publicación
del miércoles 7 de febrero de 2001
La Constitución
Nuestra voz
Por: Ernesto Julio TEISSIER
El presidente Vicente Fox propuso a los mexicanos
revisar y actualizar la Constitución sin abolir la
historia. No se trata de dar un viraje de 180 grados, volver
la espalda a todo el pasado y recomenzar en una nueva dirección,
sino de aprovechar lo positivo, ratificar lo valioso, reformar y
añadir lo que en la práctica ha sido deficiente y
rejuvenecer, reconstruir, renovar, poner al corriente. Es un trabajo
para muchos y una tarea para todos, que se plantea sin fechas fijas
ni plazos establecidos de antemano.
Lo completo y acucioso del ofrecimiento que el
presidente puso en la mesa revela una labor de estudio, de análisis
que tiene que haber durado meses y habrá estado a cargo de
gente responsable, conocedora del tema y dedicada. Se hizo con el
sigilo laborioso con que en esta administración se llevan
a cabo las obras de grande importancia: decenas de constitucionalistas
deben haber sido consultados; se les habrá escuchado, preguntado,
debatido y atendido; se habrá oído a especialistas
en opinión pública, en historia, en cuestiones sociales...
y hasta donde se sabe, nada se filtró.
El proyecto estaba en la mente de muchos en
los 84 años que han transcurrido desde 1917 se hicieron alrededor
de 400 cambios, muchos de ellos durante la docena trágica
pero sólo se había llevado al público en la
forma de observaciones de protesta, de quejas cotidianas acerca
de las repetidas violaciones a la Carta Magna; había un consenso
general en el sentido de que era necesario y conveniente estudiar
hasta el fondo y hacer una revisión mayor, pero sólo
unos cuántos se habían atrevido a decirlo en voz alta.
La proposición del presidente Fox abarca
prácticamente a todo el texto constitucional. En su discurso,
el mandatario empezó por señalar lo relativo al artículo
83 (no reelección del ejecutivo), al tercero (educación
laica y gratuita), al 130 (estado laico); al 39, al 40 y al 49 (sistema
representativo, división de poderes, pacto federal) y al
115, un apartado que se incluyó en el texto firmado por el
Presidente Carranza, pero que se ignoró por más de
sesenta años, hasta que la oposición moderada empezó
a ganar posiciones de elección popular y obtuvo la fuerza
electoral y política para conseguir que se reformara la distribución
de los recursos federales, que hasta entonces estaba en 80-16-4,
que señala porciones para el gobierno central, los estados
y los municipios.
La lucha por el control de los presupuestos presentó
incidentes que pintaron con toda nitidez el ascenso del poderío
de la oposición panista y, al mismo tiempo, la pérdida
del poderío con que la dictadura priísta había
mantenido intocable la fortaleza de los billetes, como
se le llamó al reparto que le daba 80% del total del dinero
disponible al gobierno del centro, 16% a los 28 ó 31 estados
y al Distrito Federal, y menos de 5 centavos de cada peso para más
de dos mil quinientos municipios. Una asignación con esas
características fue atacada desde el priísmo sólo
una vez que se tenga memoria, en 1960, y los diputados que incurrieron
en semejante torpeza política recibieron reprimendas
en algunos casos y hasta el ostracismo en otros; el asunto se ignoró
o se trató sólo en murmullos hasta que, en la década
de los noventa, los panistas lo trajeron de nuevo al debate, pelearon
por él y lo ganaron. Y el PRD se puso feliz.
La intención del presidente por establecer
sólidamente la democracia se hace evidente en algunos ofrecimientos:
el que se refiere al artículo 41 (igualdad electoral), a
la ratificación por el Congreso del nombramiento de los secretarios
de estado; a la posibilidad de abrirle un juicio político
al Presidente de la República; a la fiscalización
que el Poder Legislativo debe hacerles al Ejecutivo y al Judicial;
al establecimiento del referéndum, del plebiscito y el derecho
a votar de los mexicanos residentes en el extranjero.
El equipo del presidente Fox fue cuidadoso. Mencionó
la división de poderes, el sistema representativo y el régimen
federal; habló de los primeros artículos, que contienen
los derechos individuales; del establecimiento del servicio civil
de carrera, aunque con la prohibición para que los legisladores
se reelijan en dos períodos sucesivos. Ha sido hasta ahora
y apenas hemos llegado al planteamiento una faena muy
amplia y muy extendida, pero no completa; para acabar de integrarlo
será necesario que se escuchen las voces, las peticiones,
las exigencias, de millones de mexicanos. Y cuando muchas de las
opiniones de grupos, de sectores y de personas hayan llegado, será
indispensable que los juristas y los legisladores hagan a un lado
la paja de lo imposible y lo inconveniente y se queden con los granos
valiosísimos de lo que podemos hacer, de aquello a lo que
podemos aspirar.
De esos granos surgirá, para que lo cultiven
nuestros hijos y nuestros nietos, el México del futuro.
E.J.T. México, D.F., febrero de 2001.
Correo electrónico: ernestoteissier@aol.com
| |