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Publicación
del viernes 5 de febrero de 1999
¿Documento sin valor?
La Constitución
Roberto RIO CASTELLON
Se
acerca el día en el que celebramos la promulgación de la
Carta Magna.
Años muy difíciles eran aquellos en
los que los patriotas y algún
otro "colado oportunista" de nuestra historia ansiaba
vivir bajo la sombra
cobijadora de una república verdadera, paraíso de
obligaciones y derechos que serían la base para fortalecer
la vida nacional, para
formar una etnia combinada, hermanada en la igualdad
ante la justicia y ante el mundo, una tierra que fermentara
con el esfuerzo y el
trabajo, que sería la levadura para hacer de México
un coloso entre los colosos.
Páginas enteras que hablan sobre la
educación, la salud y el trabajo
-que son las columnas de una sociedad competente-,
coronaron los esfuerzos de gente que buscaba los más nobles
intereses.
Al quedar concluida la obra, se había
logrado un documento complejo que sería fértil en la medida que nos apegáramos a
cada artículo contenido
en él.
Si fuese humana la obra, sería un
anciano de poco menos de noventa
inviernos y en su mirada veríamos una existencia vagamente
vivida.
Triste resulta que sólo los abogados
conozcan su contenido y la
mayoría no sepamos más allá de algunos detalles. Esa es una
actitud indiferente
que nos disminuye como ciudadanos.
Escuchamos comentarios tan negativos
como el de que el aniversario
de la Constitución es un aniversario luctuoso, pues la
Constitución no se cumple, es letra muerta.
Yo no lo creo así -pero soy un optimista
incorregible-. Es verdad
que se manipula por algunos reductos selectos de poder
político y económico, pero la culpa no es de la Constitución,
recae directamente
sobre nosotros de una manera tan ignominiosa, que no tenemos derecho moral a protestar si antes no nos comprometemos
de forma cabal -no
a lo Cabal, que ésos son otros términos".
Cuando somos indiferentes a los conflictos
magisteriales, al atropello de las garantías individuales, a la miseria, al hambre,
al dolor, la marginación y los abusos de autoridad, entre
otras cosas, estamos
dándole la espalda al documento.
Nos indignamos cuando escuchamos hace
unos días el comportamiento
agresivo e injustificado de un diputado que lesionó
a una mujer policía y más aún, que no será investigado porque
tiene fuero y, por
tanto, actúa de manera desaforada, cometiendo actos de
abuso.
Hace unos días, en una emotiva y magna
reunión en el estadio Azteca
de las generaciones con el Papa, se hizo a nombre de todos
los cristianos católicos una serie de compromisos muy serios
y difíciles. La emoción
llevada a un grado contemplativo, hinchó el espíritu, dilatándolo más allá de las fronteras materiales
humanas. Sin embargo,
las nobles intenciones solidarias no difieren mucho de
lo que impulsó a los héroes que concibieron la idea de una
Constitución y la llevaron al cabo, por lo menos en el papel.
Esto causa inquietud, pues si olvidamos
respaldar, cumplir y hacer cumplir la Constitución, podemos olvidar otros compromisos
hechos.
Es importante, sí, actualizar la Constitución,
pues las condiciones
del México de antes no son las mismas del de ahora;
ahora son mejores en unos aspectos y peores en otros.
No tendrá valor el documento en tanto no se le dé el
lugar que debe tener,
toda vez que nadie debe actuar fuera de los límites
ciudadanos, que bien están marcados en nuestra Carta Magna,
que cumple un año más.- R.R.C.- Mérida, Yucatán, febrero de 1999.
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