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La pena de muerte Iniciativa en el Congreso

Por: Jorge Carlos ESTRADA AVILES


    Con gran interés y esperanza de que prospere, nos enteramos en la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión del pasado 27 de marzo que el grupo parlamentario del Partido Acción Nacional, que incluye a la diputada yucateca Silvia América López Escoffie, presentó una iniciativa de reformas a los artículos 14 y 22 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), con el propósito de derogar la pena de muerte. La iniciativa no puede calificarse sino de valiente, en momentos en que existe un gran debate respecto del problema de la seguridad pública en nuestro país y en el que tirios y troyanos hablan con locuacidad, pero sin la información suficiente, de las formas para solucionar la grave inseguridad que prevalece en muchas partes del país, saliendo casi siempre a colación el tema de la pena de muerte o pena capital al que se acude buscando la salida fácil y atractiva, políticamente hablando, de pedir que se legisle para reinstaurarla, ya que ningún Código Penal de la República prevé la imposición de esta sanción que está prevista únicamente en el Código de Justicia Militar para algunos delitos tales como los de traición a la patria, espionaje, piratería, rebelión y otros más aplicables a los miembros del orden castrense. En la exposición de motivos de la iniciativa de la legisladora yucateca, se hace referencia a las opiniones de prestigiosos juristas como Raúl Carrancá y Trujillo, Alfonso Quiroz Cuarón e Ignacio Luis Vallarta, entre otros, que se pronuncian contra la pena capital e igualmente se cita el estudio realizado por el Departamento de Estudios Económicos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que detalla las realidades e implicaciones negativas de su aplicación. Al margen de muchas consideraciones de tipo jurídico que podrían hacerse respecto de este polémico tema y dada la constante referencia que para muchas cuestiones económicas y políticas se hace de nuestro vecino país del Norte, debemos asomarnos, aunque sea en forma somera, a la realidad de las consecuencias que en los Estados Unidos de América (EUA) ha traído la aplicación de la pena de muerte. Según un estudio realizado por el periódico New York Times, publicado el 22 de septiembre del año 2000, de los 50 estados que conforman los EUA, en 12 de ellos y en el Distrito de Columbia no se ha adoptado la pena de muerte como sanción a los delincuentes; en los restantes 38 estados existen leyes que regulan la aplicación de la mencionada pena capital.

    Curiosamente en 10 de los 12 estados sin pena capital, el índice de homicidios se encuentra por debajo del promedio nacional, según informes del Buró Federal de Investigaciones (FBI), misma oficina que reportó, por otra parte, que la mitad de los estados que aplican la pena capital (19) tienen índices de homicidios por arriba de la media nacional. Por otra parte y en un análisis comparativo, estado por estado, el mismo estudio arrojó que durante los últimos 20 años, el índice de homicidios en estados que aplican la pena de muerte fue superior entre un 48 a un 101 por ciento respecto de los estados que no cuentan con leyes que permitan la aplicación de la pena capital. Los datos anteriores, echan por tierra el argumento que muchos esgrimen para justificar la aplicación de la pena de muerte, de que ésta tendrá un efecto intimidatorio sobre el delincuente, ya que la realidad del país que se autoproclama "campeón en la defensa de los derechos humanos", nos dice exactamente lo contrario. Por otra parte, los países que conforman la Unión Europea (UE) acaban de abrir para su firma, el pasado día 3 de mayo, el protocolo número 13 del Convenio Europeo sobre Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, mediante el cual se establece la prohibición absoluta de la aplicación de la pena de muerte en cualquier circunstancia y sin excepción de ninguna clase, mismo que complementa y amplía el protocolo número 6 del mismo Convenio, que igualmente establecía la prohibición de aplicación de dicha pena capital, pero la permitía sin embargo en tiempos de guerra. Con dicho protocolo 13, que entrará en vigor tres meses después de la aceptación y firma de diez países miembros, la UE pretende crear lo que llaman orgullosamente una "zona libre de la pena de muerte". Conocer y analizar la realidad de los países que aplican la pena de muerte es un deber mínimo de responsabilidad de los políticos mexicanos, antes de proponer su implantación como la solución al problema de inseguridad del país, así como considerar la realidad de la globalización en que nos encontramos inmersos, de donde resulta que mientras los países europeos, víctimas de terrorismo y otros delitos que atentan contra la humanidad y que también son nuestros socios comerciales, avanzan en la construcción de una zona libre de la pena capital, algunas voces irresponsablemente proclaman su reinstauración en nuestro país, lo que constituiría un grave retroceso, que sería visto como tal por la comunidad de naciones.

    Esperamos que la iniciativa comentada sea aprobada para suprimir de una vez y para siempre del texto constitucional, la posibilidad de la aplicación de la pena de muerte en nuestro país y al mismo tiempo nos dejaría en aptitud de firmar el "Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, destinado a abolir la pena de muerte" de la ONU que hoy, por el contenido del artículo 22 de la CPEUM que establece la posibilidad de aplicar la pena de muerte a ciertos delitos, nos impide hacerlo. Para concluir e invocando el pensamiento del Doctor Luis de la Barreda Solórzano, quien fuera ejemplar ombudsman del Distrito Federal debemos considerar que: "Solo desde una trinchera troglodita puede invocarse la pena de muerte. El cerebro humano creció como las pirámides americanas: una mayor y más bella capa sobre la antigua que soporta la nueva. La última, la corteza cerebral, es la responsable, entre otras cosas, de la poesía, la filosofía, la medicina, la ética, la música y los derechos humanos, entre ellos el respeto a la vida y a la integridad personal. Bajo esa capa coexisten la del simio y la del reptil. La razón apacigua y contiene a estas dos, tranquiliza su miedo, detiene su agresión. Pero el cerebro del reptil sigue allí. Es precisamente de ese compartimiento de donde provienen las voces en favor de la pena de muerte y, en general, los ataques a los avances civilizatorios".-

J.C.E.A.- Mérida, Yucatán, mayo de 2002.

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