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Notas de un cronista La verdadera antigüedad de la Ermita de Santa Isabel
Autor:Juan Francisco PEON ANCONA (*)


EL CEMENTERIO DE LA ERMITA.- Durante el período colonial, los difuntos de los alrededores de la Ermita eran enterrados en su cementerio que estaba ubicado en el costado sur de la iglesia, donde aún permanece en pie la espadaña o campanario de su pequeña capilla fúnebre.

    Los más viejos registros de defunción, contenidos en el Libro No. 1 de entierros del Archivo Parroquial de la Arquidiócesis de Yucatán señalan que desde 1639 ya se hallaba en pleno funcionamiento el Cementerio de la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, constituyendo ésta una prueba más de su remota antigüedad, que se remonta, por tanto, a un mínimo de 359 años.

    El arco exterior de entrada al camposanto de la Ermita, inmediato al sur de la iglesia, señala en una inscripción que dichas obras (más modernas que el conjunto de la edificación general) se inauguraron el 12 de agosto de 1762.

ACERTIJO HISTORICO.- Los documentos parroquiales y otros de los siglos XVII y XVIII suelen referirse a la de Santa Isabel como Ermita Marcial (?). Ignoramos la razón de tal denominación que, de acuerdo con los más viejos y modernos diccionarios se refiere a Marte, dios de la guerra (del latín martialis), aplicable a todo lo militar... ¿Será porque en la ancha plazuela de la Ermita efectuaban sus marchas y ejercicios militares las viejas milicias urbanas de Mérida en aquellos lejanos años?... ¿Sería una capilla destinada a ceremonias religiosas del orden castrense?

    Por otra parte, aunque sencilla e ingenua, la respuesta podría hallarse en un tal Marcial, conocido pobre de solemnidad, tal vez muy popular, quien fue enterrado de limosna en la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, el 8 de agosto de 1648 (Libro 1o. de Entierros, Pág. 36, Vta.). Y es que, curiosamente, fue a partir de su enterramiento cuando comenzó a denominarse aquella como Ermita de Marcial y más tarde, simplemente Ermita Marcial (sin la preposición de).

OTRAS ERMITAS MERIDANAS.- En los lejanos tiempos coloniales, también fueron consideradas como ermitas las hoy iglesias de Santa Lucía, San Juan Bautista y la Candelaria, las cuales dejaron de serlo cuando la ciudad creció y desapareció su original aislamiento en las afueras de la población.

    De acuerdo con su etimología, la palabra ermita viene del griego éremos: despoblado; y del latín de San Jerónimo eremus: soledad. De allí que las ermitas son santuarios o capillas situadas por lo común en despoblado; y los eremitas o ermitaños, aquellos hombres piadosos que vivían en la soledad, al principio en los desiertos, cuevas y bosques, y luego en las ermitas.

    La Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje y de Santa Isabel siempre permaneció en los confines sureños de la capital meridana, a la vera del Camino Real que conducía a Campeche, y a pesar de que la ciudad creció y se extendió fue la única que siguió conservando -como hasta hoy- su agradable aislamiento.

EL DOBLE SIMBOLISMO DEL "BUEN VIAJE".- Los antiguos viajantes que se dirigían a Campeche o a las poblaciones o haciendas de la ruta se detenían en la Ermita para implorar la protección divina en lo que entonces constituía un dilatado y polvoriento trayecto hasta la Ciudad de las Murallas; en tanto que los que retornaban de allí también se detenían en la pequeña capilla, antes de ingresar a Mérida, para dar gracias por su feliz arribo.

    Pero la Ermita recibía también la visita de otra clase de viajeros: aquellos que realizaban su viaje final, rumbo al Cementerio de San Antonio Xcoholté, no lejos de allí...

    Hoy ya cayó en desuso, pero en décadas pasadas era frecuente que los cortejos fúnebres, en su tránsito a la Necrópolis, efectuaran antes una parada en la Ermita de Santa Isabel, donde tenían lugar solemnes exequias de cuerpo presente, en las que se imploraba al Altísimo un feliz tránsito en el postrero viaje a la Eternidad.

    Guardamos en la memoria aquellas impresionantes ceremonias: el túmulo mortuorio con negras colgaduras, sacerdotes ataviados de capas pluviales de negro brocado, y guturales cánticos funerales, acompañados con serafina (armonio).

LA HUERTA DE LA ERMITA.- Para ideal complemento de sus encantos, la Ermita de Santa Isabel conserva su deliciosa huerta conventual, aprisionada en el área de sus viejos muros, cual aislada isla de verdor en medio del tráfago urbano.

    Su tupida arboleda, refugio de aves y rica en centenarios ramones, caimitos, zapotes y diferentes palmas yucatanenses, trae a la memoria gratas imágenes de antaño, cuando las inmediatas afueras meridanas estaban ocupadas por una verdadera floración de quintas
densamente arboladas y más allá, en los suburbios y barrios, interminables solares de la población mestiza, cuyos pequeños "bosques" de ceibas, tamarindos, ciruelos, papayos, mameyes y palmas de guano constituían un cinturón de oxigenante verdor alrededor de nuestra ciudad capital.

    El boscoso huerto de la Ermita también recuerda cosas de la vieja España: aquellos peculiares cármenes de Granada, preciosas quintas a la usanza árabe, rodeadas de altos muros, que cual insospechados oasis tachonan las laderas de los cerros de la Alhambra y del Albaicín, en pleno centro histórico de la ciudad de Boabdil. Sus abiertas rejas suelen revelar las sorpresas de su interior, cuajado de altos cipreses, mirtos, arrayanes, naranjos, limoneros, flores y palmas mediterráneas, cual deliciosos jardines de Alá, al estilo de Las Mil y Una Noches y donde el murmullo del agua brotante de las fuentes se escucha por doquier.

    Los que en décadas pasadas nacimos y vivimos en casas situadas en el centro de Mérida y aun aquellas junto a la Plaza Grande recordamos que guardaban, en sus patios traseros, árboles centenarios, frutales y otros, así como altas palmeras, ocultos tras elevadas paredes de mampostería, y en cuyo piso natural de tierra correteaban las gallinas y demás aves de corral, en torno a la insubstituible veleta.

    Sugerimos a las autoridades responsables de la Ermita proteger celosamente su inapreciable huerto, convertido en todo un jardín botánico, pues corre el peligro de dañarse o desaparecer, víctima de plagas o enfermedades propias de la contaminación ambiental, que ya es considerable en dicha zona urbana. Mucho cuidado con el exceso de fiestas que propician derrames de bebidas alcohólicas y otras sobre las propias raíces de los árboles, así como residuos alimenticios que atraen legiones de contaminantes roedores y otras indeseales sabandijas.

MULTIPLE ESCENARIO HISTORICO.- Ponemos fin a nuestros presentes comentarios de cronista, que unen los eslabones del pasado con el presente de un lugar en que concurren más de tres siglos de historia y tradición, pues a pesar de las sucesivas transformaciones que ha sufrido todavía parece que el tiempo se detuvo allí.

    Si las piedras de la Ermita hablaran, tal vez nos dirían otras muchas cosas: que está asentada sobre un antiguo cerro o adoratorio maya; que vio pasar en fatídica noche de junio de 1792, cual sombra desbocada, al jinete asesino de Don Lucas de Gálvez, y que también desfilaron frente a sus escalinatas aquellos macabros carromatos de la muerte, rumbo a Xcoholté, atestados de difuntas víctimas contagiadas del Cólera Morbo en las epidemias de 1833 y 1853...

    Pero también nos hablaría de la Guerra del Imperio y del campamento militar de Cepeda Peraza, instalado en la plazuela del lugar, y desde el cual inició el sitio a la ciudad de Mérida en la primavera de 1867. El Gral. Cepeda Peraza, gobernador de Yucatán, falleció en la madrugada del 3 de marzo de 1869, en la casa No. 615-A de la bifurcación de la calle 64-A, muy cerca de la Ermita de Santa Isabel, en cuya capilla fue velado una vez más, antes de ser conducido al Cementerio General de Mérida, en la noche del 6 de
marzo de 1869 (2).- J.F.P.A.- Mérida, Yucatán, 5 de noviembre de 1998.

*) Cronista de la ciudad de Mérida.
2) Ver nuestro artículo que refiere con más detalles dichos sucesos: "La Ermita de Santa Isabel".- Rectificaciones Históricas.-
Diario de Yucatán, miércoles 28 de mayo de 1997.

En Contexto

* El pasaje picheta

* El Palacio de gobierno

* Restaurante Plaza serenata

* S.I. Catedral

* Ateneo Peninsular

* Zapatería Canadá

* El Gallito

* Papelería ABC

* Casa de Montejo

* Casa de Peón Contreras

* Casa Cárdenas

* Panadería Montejo

* Casa Peón

* Centro Cubano

* Palacio Municipal

* Olimpo

* El Louvre

* Casa del Alguacil


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