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Publicación
del martes 25 de febrero de 1997
Más respeto
Los símbolos de la Patria
Genaro ALAMILLA ARTEAGA
24 de febrero, Día de la Bandera.
Es el "Día" que sí valió la pena
que se estableciera. Quizá sea el único que no ha
degenerado en día de auge comercial. Hay venta de banderas,
pero no ha derivado en aberrante publicidad comercial.
Todas las naciones y los pueblos -aun los más
primitivos, como nuestras tribus aborígenes- han creado estandartes
o banderas que los distinguen y signifiquen y sean un elemento de
su identidad. Por eso nos parece absurdo el modo de pensar, las
actitudes de quienes rechazan los honores debidos a nuestros símbolos
patrios, como son la bandera, el Himno Nacional y el escudo. ¿Ignoran
que a todo signo corresponde lo significado para que no sea vano?
Pues lo significado por nuestros signos patrios es la patria y la
patria es México. Entonces, al rechazar esos signos están
en peligro de rechazar a la misma patria.
Invitamos -a quienes sin negar, sí han
olvidado el respeto y los honores que se deben a los símbolos
patrios- a que renueven esa veneración y respeto.
Aún recordamos cuando nuestros padres
-al escuchar las notas del Himno Nacional- nos hacían detener
el paso o ponernos de pie, por respeto; lo mismo hacíamos
al izar o arriar la Bandera. Estos sencillos actos alimentaban nuestro
patriotismo. En determinados días se colocaba la Bandera
en el frontispicio de las casas, en el comercio, y desde luego es
obligatorio hacerlo en edificios públicos.
Pero hoy -a pesar del tan cantado nacionalismo-
por usarlo como bandera política se han devaluado el respeto
y la devoción que debemos a nuestros símbolos patrios,
y han venido a menos.
Desde nuestro particular empeño invitamos
-a sabiendas de que esto corresponde a la familia, a la escuela
y a las autoridades- a nuestros pacientes lectores a que renueven
el sentido cívico a los hijos, discípulos y ciudadanos
para que conozcan el significado de los símbolos patrios,
los respeten, brinden los honores adecuados y que la Bandera sea
colocada en el frente de sus casas y en sus comercios. Esto será
de utilidad para volver a recuperar ese sentido cívico ante
nuestros signos.
Respecto a nuestra Bandera, vale recordar que,
como ya lo apuntamos, desde que éramos una multitud de tribus
cada una de ellas tenía su estandarte o bandera. La que celebramos
el 24 de febrero la ideó y creó ese mismo día,
pero de 1821, el primer mandatario del México independiente,
don Agustín de Iturbide.
No habrá que olvidar que a nuestra Independencia,
para su madurez, concurrieron tres hechos históricos en el
Plan de Iguala, que eran las "Tres garantías":
Religión, Independencia y Unión. Tres garantías
simbolizadas en la bandera tricolor, blanco, verde y rojo. Blanco
significaba la religión católica; el verde, la independencia
de cualquier otra nación, y el rojo, la unión de los
mexicanos.
Esto nos invita a hacer algunos comentarios:
los colores de nuestra Bandera se han mantenido a pesar de diversas
modificaciones que se le han hecho en el correr de nuestra historia
y, por más que el mundo oficial no haga mención de
lo que representa el color blanco, la mayoría nacional declara
profesar esa religión, no obstante el laicismo impuesto por
el monopolio de la educación que priva de la libertad de
elegir -los padres de familia el tipo de educación que quieran
para sus hijos. No se trata de una educación confesional,
sino libre, hoy sólo goza de esta libertad el 5 ó
6% de los padres, mientras el 95% están sometidos a aceptar
para sus hijos un laicismo que deforma la dignidad de la persona,
y, a veces empleado contra la Iglesia.
El verde significa la independencia, que se debe
entender no sólo de lo territorial, sino independencia política,
cultural, etc.
Y el color rojo simboliza la unión de
todos nosotros. Sin ésta, las naciones se tornan débiles
incapaces para resolver problemas internos que pueden provenir de
gobiernos ineptos y corruptos; pero divididos o indiferentes jamás
lograremos ni libertad, ni independencia, ni respeto a los derechos
de la persona. ¿Usted qué opina?- G.A.A.- México,
D.F., febrero de 1997.
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