Oleada terrorista en Estados Unidos - Diario de Yucatán

Publicación del viernes 21 de septiembre de 2001

Nuevo tipo de guerra

“Justicia infinita”

Por Francisco José PAOLI BOLIO

Los Estados Unidos se preparan para la guerra convencional. La que se hace con declaración del Congreso, ejércitos, aviones y misiles. La guerra no se puede hacer contra un grupo humano, por criminal y terrorista que sea. La guerra se tiene que hacer entre países, entre Estados nacionales, entre ejércitos. Y estamos ante una guerra de nuevo tipo. Realmente estamos ante la extensión global de la guerrilla: atomiza su organización, escoge sus objetivos, decide sus tiempos y ataca por sorpresa. Pero en este caso la guerrilla terrorista, al cometer un atentado donde perecen asesinados miles de civiles, niños, ancianos, mujeres y hombres, todos indefensos, crea una situación grave que conduce a una respuesta bélica. Pero las normas para esta respuesta no están claramente definidas. En esto último también está lo inédito del conflicto que vivimos. Y que es el primer conflicto global grave.

Quince mil efectivos del ejército de Estados Unidos, a bordo del más poderoso portaviones, llamado “Teodoro Roosevelt”, van camino al Golfo Pérsico. Pero lo alarmante es que a esta operación la han llamado “Justicia infinita”, en la que los norteamericanos buscan apoyo del número más amplio de países que puedan lograr. El término “infinita”, en realidad sustituye claramente a “divina” o de Dios. Lo infinito, no lo pueden realizar los mortales. En realidad están diciendo que el que preparan es un acto de justicia divina. Y esto sería inaceptable, porque se estaría colocando en los mismos términos fundamentalistas y maniqueos que repudian en sus agresores.

Y es que el discurso oficial norteamericano, desde el día siguiente del reprobable atentado, ha venido haciéndose cada vez más nítidamente maniqueo. Ellos, los norteamericanos y sus autoridades representan el bien, y combatirán al mal, sin reposo, sin descanso, sin cortapisas. Lo combatirán en donde esté, lo perseguirán hasta el último agujero del planeta en que se esconda. Y lo extirparán y lo castigarán, junto con aquellos que lo encubran y protejan.

Pero la guerra, según las normas existentes, sólo se puede declarar a países. Y Estados Unidos no sólo lo sabe, sino que ha iniciado un acoso a Afganistán, país que protege al principal sospechoso de ser el autor intelectual de los actos terroristas en Nueva York y Washington. En efecto, los servicios norteamericanos de inteligencia han encontrado indicios de que el grupo suicida que cometió los atentados podría haber sido adoctrinado, entrenado militarmente y financiado por la red internacional de terrorismo llamada Al Qaeda, que sostiene y opera Osama Bin Laden. Y este personaje tiene algunos años viviendo bajo la protección del gobierno afgano, dominado por el grupo religioso político de los talibanes. Pero no sólo Afganistán está siendo identificado como un país que esconde y protege terroristas, sino que la consejera de seguridad nacional norteamericana, Condolezza Rice, dice que hay otros países que encubren a este tipo de delincuentes. Entre ellos destacan Iraq e Irán. Por eso los cien aviones de la fuerza aérea norteamericana y los quince mil efectivos avanzan hacia el Golfo Pérsico.

La guerra de nuevo tipo ha sido declarada por ahora no a países, sino al terrorismo internacional que opera, según las informaciones periodísticas, en cincuenta o sesenta países, incluyendo Estados Unidos. Y tal vez habría que ir más lejos y no sólo declarar la guerra al terrorismo, sino al crimen organizado y particularmente al que opera el narcotráfico. Porque todas ellas son también fuerzas subversivas internacionales que realizan daños severos a las poblaciones de todos los países y operan como organizaciones transnacionales. Es la globalización de la delincuencia, que exige una globalización de la justicia.

Lo que es claro es que estos azotes planetarios a la especie humana —terrorismo, criminales organizados y narcotraficantes— deben ser combatidos, reducidos y penalizados. Máxime que hay indicios de que operan en connivencia. Pero no a través de la aplicación de la ley del Talión, del ojo por ojo y del diente por diente, expresado en términos bíblicos, sino a través de una justicia internacional que se legisla y se pacta en forma multinacional, se opera de manera multilateral, con organismos y cortes especializados. No como expresión o justificación de la justicia divina. Sino con justicia humana, que se apoya en los principios generales de derecho, tiene un proceso de razonamiento y establecimiento de las normas que después se aplican. Esta es la única salida al conflicto internacional que se ha planteado, desde el punto de vista civilizado, humanista y racional.

Hay que dejar pasar la etapa del dolor y apartar los sentimientos de venganza, por colectivos que éstos sean, para pasar a la actuación de una justicia cuyos supuestos se han legislado de manera general, abstracta e impersonal. Y sin invocar que se trata de una justicia infinita, divina, o ejercida por los representantes del bien, sin mezcla de mal alguno.— F.J.P.B.— México, D.F., septiembre de 2001.

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