Oleada terrorista en Estados Unidos - Diario de Yucatán

Publicación del miércoles 19 de septiembre de 2001

Un monumento espontáneo en Nueva York

Millones de estadounidenses guardaron ayer un minuto de silencio a las 8:48 de la mañana

NUEVA YORK, 18 de septiembre (DPA y Notimex).— El “Mural de la esperanza” de Nueva York, una larguísima fila de fotos, mensajes, dibujos infantiles, flores y velas, es un monumento espontáneo por los desaparecidos en el World Trade Center. Pero a una semana del atentado y sin sobreviventes, entre la gente cunde ya la desilusión.

En la plaza de Union Square, en la calle 14 y Lafayette, en lo que durante varios días representó el límite para la gente común de la zona devastada por el atentado, el monumento a George Washington se ha transformado en el punto de partida de un gran “Altar de la Patria” para recordar a los caídos.

Miles de fotografías cuelgan de las rejas verdes que rodean los jardines de la plaza. “Missing person” (persona desaparecida) titulan todos ellos. John Cruz, 32 años, diabético, en la mano derecha llevaba un anillo de Rutgers University. Trabajaba en el piso 106 de una de las torres, en las oficinas de la financiera Cantor Fitzgerald.

Eliezer Jiménez estaba en el piso 106; Claribel Hernández, de 31 años, asistía a una conferencia en el piso 106; Lidia Bravo era enfermera en Marsh Mc Lennon; Robert Martínez era guardia de seguridad en el WTC, Jacqueline Sánchez trabajaba en Cantor Fitzgerald...

Más allá, un cartel que dice, “íDetengan la guerra!” y otro, “íNunca los olvidaremos!”, una Biblia, flores, un dibujo infantil con la bandera estadounidense, una postal de las torres, pero quemado con un cigarrillo el lugar donde estaban.

Y velas, cientos de velas repartidas por el piso de la plaza, en torno a las fotografías, a los pies del monumento que ostenta en su frente un gigantesco cartel de las Torres Gemelas.

Tal vez ocupa unos 200 metros en varios círculos a lo ancho de la plaza esta pared, muro de la esperanza los primeros días y ahora cada vez más muro de las lágrimas, a siete días del desastre y sin haber encontrado ningun sobreviviente desde el miércoles.

La gente llora al detenerse en las fotografías.

—¿Tenía algún familiar?

—No —dice Elizabeth, ecuatoriana—, pero este país me dio lo que no me dio el mío y esta gente es como mía ahora.

Una señora en silla de ruedas recorre lentamente las rejas. El rostro pálido, triste, tristísimo. No necesita comentarios.

Un cantante improvisado, con guitarra eléctrica y un altavoz, canta “Hey Jude” de Los Beatles, en este lugar que, en efecto, se parece a otro en honor de los caídos en otra guerra, pero que también amaban a Los Beatles: “The Wall”, en Washington, una pared gigante con los nombres de todos los caídos en la Guerra de Vietnam.

Mientras tanto, Manhattan está volviendo a la normalidad, por lo menos la parte ahora abierta a la circulación de autos, transeúntes, y unos pocos autobuses. También funcionan algunas líneas de subterráneos en la zona.

Un hombre que está descargando cajas de un camión conversa con otro que sostiene en la mano un vaso de café. “Durante la Segunda Guerra Mundial fuimos y peleamos. Pero sabíamos quiénes eran nuestros enemigos. Ahora sólo conocemos la cara de uno y es apenas un sospechoso”, comenta con desilusión, en tácita referencia al saudita Osama Bin Laden, principal sospechoso de los atentados de Washington y Nueva York, según el gobierno estadounidense.

La gente trata de retomar su vida normal. Pero no todos los negocios están abiertos en esta zona de Manhattan. Algunos tienen carteles en las vidrieras: “Estamos abiertos pero nuestros teléfonos siguen sin funcionar”.

En efecto, la electricidad, los teléfonos y el agua fueron problemas importantes en esta parte de la ciudad la semana pasada, pero están mejorando, especialmente desde ayer, cuando Wall Street, no muy distante, comenzó a funcionar nuevamente.

En ciertas calles todavía cerradas a los autos, algunos chicos juegan con monopatines y “skateboards” porque hoy y mañana no hay clases por el Año Nuevo judío.

Nueva York, como la “Historia de dos ciudades”, de Charles Dickens, muestra dos caras estos días, una de devastación y otra que intenta volver a la normalidad. Los editoriales de la prensa instan a los neoyorquinos a ignorar “a los que nos hagan sentir culpables”, afirmó el columnista del Daily News, Stanley Crouch, de aquellas personas que no condenen el asesinato de civiles inocentes porque razones históricas y políticas pueden explicar los motivos de los terroristas.

No hay un silencio sepulcral en la ciudad. Pero sí un ruido diferente, menos agresivo que otras veces. Y un olor especial. Indescriptible. A lo lejos se ve todavía humear los restos de las Torres Gemelas y, de vez en cuando, el repiquetear de alguna campana recuerda el duelo.

WASHINGTON, 18 de septiembre (France Presse).— A las 8:48 de hoy en Nueva York, la Casa Blanca y en el resto de Estados Unidos, miles de estadounidenses guardaron un minuto de silencio en memoria de las más de 5,000 víctimas de los atentados.

Una semana atrás, exactamente a esa hora, un Boeing 767 secuestrado por terroristas chocaba contra una de las torres del World Trade Center en Nueva York. Dieciocho minutos más tarde un segundo avión comercial chocaba contra su gemela.

Luego los dos rascacielos, símbolos del poderío financiero estadounidense, se desplomaron como castillo de naipes, desfigurando para siempre a Manhattan.

En contexto
Editoriales
Lunes 22 de octubre de 2001

Editoriales anteriores

Las finanzas tras el atentado

Miércoles 19 de septiembre de 2001

Publicaciones anteriores

El atentado en imágenes
(Documentos en PDF)


Publicación del viernes 26 de octubre de 2001



Comentarios y sugerencias
Derechos Reservados
Compañía Tipográfica Yucateca, S.A. de C.V.