Oleada terrorista en Estados Unidos - Diario de Yucatán

Publicación del miércoles 17 de octubre de 2001

Jaque mate

Afganistán, Israel y Palestina

Por Sergio SARMIENTO

“Los estadounidenses conocemos, aunque otros parezcan olvidar, los riesgos de extender el conflicto” —Lyndon B. Johnson, sobre la guerra de Vietnam.

El gobierno de Israel ha mantenido la política de tratar de desvincular los atentados del 11 de septiembre, y la consecuente represalia militar estadounidense contra Afganistán, del conflicto de Palestina. Pero la verdad es que eso resultará cada vez más difícil. No sólo Osama Bin Laden y Sulaimán Abú Gaith de Al-Qaeda han enfatizado en sus mensajes televisados que los ataques contra Estados Unidos no terminarán mientras los musulmanes no tengan control de Palestina, sino que el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, rechazó la semana pasada una donación de 10 millones de dólares para los sobrevivientes de los policías y bomberos muertos en el ataque del 11 de septiembre del príncipe saudí Alwalid Bin Talad Bin Abdul Aziz al Asud debido a que éste declaró a la prensa: “En tiempos como éste uno debe enfocarse a algunos de los temas que llevaron a este ataque criminal. Creo que el gobierno de los Estados Unidos debe reexaminar su política hacia el Cercano Oriente y adoptar una posición más equilibrada hacia la causa palestina”.

Independientemente de si las declaraciones del príncipe saudí eran adecuadas en el momento, no cabe duda de que el tema de Palestina no desaparecerá como por arte de magia. Es un tema en el que divergen incluso las posiciones de Estados Unidos y de Israel. Recientemente tanto el presidente George W. Bush como su secretario de Estado, Colin Powell, han reiterado la posición de su país de apoyar a largo plazo la creación de un Estado palestino. Estas declaraciones llevaron al primer ministro israelí, Ariel Sharon, a afirmar que, para apaciguar a los fundamentalistas islámicos, el mundo no debería sacrificar a Israel como lo hizo con Checoeslovaquia en 1938 ante la Alemania nazi.

El conflicto de Palestina es, por supuesto, muy complejo: no en balde ha existido desde la terminación de la Primera Guerra Mundial, cuando la Gran Bretaña ocupó la zona tras la derrota del imperio turco otomano. El establecimiento del Estado de Israel en 1948, en una decisión de las Naciones Unidas que consideraba también la creación de un Estado árabe en Palestina, encendió la ira de los países árabes, que lanzaron sus ejércitos contra Israel con el propósito de “arrojar a los judíos al mar”. En 1948-1949, 1956, 1967 y 1973 se registraron hostilidades entre Israel y los países árabes. Entre 1982 y 1985 Israel invadió El Líbano como parte del mismo proceso. La intifada, o rebelión de los palestinos, se inició en 1987 y se ha mantenido de manera esporádica desde entonces. Desde 1967, por otra parte, Israel ocupa varias zonas de Cisjordania, así como de la franja de Gaza en que los árabes palestinos son mayoría y en donde debería crearse el Estado palestino ordenado por las Naciones Unidas.

La verdad es que sólo hay una solución posible a este añejo conflicto. Israel debe permitir la creación, en Cisjordania y Gaza, de un Estado árabe palestino con todas las prerrogativas de una nación soberana; debe también retirar todos sus asentamientos humanos de esas zonas, los cuales sólo serán en el futuro una fuente de nuevos conflictos. Al mismo tiempo, sin embargo, los países árabes, incluido Palestina, deben reconocer formalmente el derecho de Israel de vivir en paz y con plena seguridad dentro de las fronteras que tenía antes de la guerra de los seis días de 1967. Jerusalén, una ciudad sagrada tanto para judíos y musulmanes como para los cristianos, debe ser compartida: ya sea dividiéndola en dos partes, con garantías para que todos puedan cruzar la frontera y orar donde quieran, o, mejor aún, convirtiéndola en una ciudad de jurisdicción internacional en que se garantice a todos el culto de su religión.

Esta solución, que ha sido defendida por las Naciones Unidas y por casi todas las personas o instituciones neutrales que han estudiado este conflicto, implica sacrificios para ambas partes. Muchos israelíes piensan que Dios entregó a Israel toda la tierra prometida de Palestina, incluyendo las históricas Judea y Samaria que se encuentran en Cisjordania. Muchos palestinos, por otra parte, consideran que toda Palestina debe ser árabe, sin aceptar la presencia de un Estado judío ni siquiera dentro de las fronteras israelíes previas a 1967.

Sin sacrificios de ambas partes, sin embargo, no se resolverá el conflicto de Palestina. Y si éste no se supera, la guerra que hoy tiene manifestaciones tan dramáticas como los atentados del 11 de septiembre, los ataques de ántrax en Estados Unidos o los bombardeos sobre Afganistán, simplemente continuará agobiando al mundo por un tiempo indefinido.

GUERRA AFGANA


El presidente estadounidense, George W. Bush, ha señalado que la guerra de su país es contra el terrorismo y no contra Afganistán. Sin embargo, los bombardeos han afectado fundamentalmente al pueblo afgano. ¿No habría una manera más eficaz de atrapar a los terroristas sin matar a miles de inocentes?— S.S.— México, D.F., 16 de octubre de 2001.

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