Oleada terrorista en Estados Unidos - Diario de Yucatán

Publicación del lunes 17 de septiembre de 2001

Osama Bin Laden, un apasionado enemigo del comunismo

Relevante labor en la organización de la resistencia afgana contra Rusia

Segunda parte de la nota de Apro que empezamos a publicar ayer en esta sección bajo el título “¿Quién es en realidad Osama Bin Laden?”.

Los Bin Laden dispondrían por lo menos de tres aviones: un King Air 90 Beechcraft, registrado en Estados Unidos, pero que pertenece a la Saudi Investment Company; otro avión del mismo tipo, matriculado en Zúrich (Suiza), y un jet Challenger III, propiedad de la Bin Laden Aviation, registrado en las Islas Caimán, paraíso fiscal antillano.

Cuando el nombre de Osama Bin Laden invadió las primeras planas de los diarios y los informes de los servicios de inteligencia occidentales, se empezó a vigilar a esos aviones en aeropuertos europeos. (...) Los agentes sospechan que algunos del clan Bin Laden no han cortado del todo sus lazos con Osama. En particular en lo que toca a la administración de los bienes del fugitivo. De acuerdo con algunas fuentes, estos lazos son con su madre y uno de sus hermanos. Ambos le habrían aconsejado que se entregue.

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¿Están los importantes fondos con que Osama Bin Laden todavía cuenta cuidadosamente disimulados en los laberintos de múltiples sociedades fantasma, como la Asma United? ¿Las organizaciones filantrópicas identificadas por los servicios de inteligencia estadounidenses —entre ellas la agencia Al-Rahma, la Al-Hramein (establecida en Londres), la Al-Muwafak, con sede en los Balcanes, la Islamic Resurection Foundation o la Islamic Revival Foundation (dirigida por un albanés)— no estarían actuando como enlaces financieros? (...)

De acuerdo con fuentes de información de banqueros árabes, Osama Bin Laden protegió parte de su capital colocándolo en bancos del sultanato de Brunei e inclusive en bancos europeos. Estos últimos depósitos fueron realizados por uno de los antiguos colaboradores del ex director del Arab Banking Corporation. Según servicios de inteligencia de la Península Arábiga, más de 700 millones de dólares propiedad de Osama Bin Laden están invertidos a corto plazo en varios mercados financieros. En agosto de 1998 ese banquero compró para Bin Laden paquetes de acciones francesas de las empresas Usinor, Sacilor, Axa y los bancos BNP y Societe Generale, que revendió unas semanas más tarde obteniendo beneficios de 20 millones de dólares. Para analistas europeos y estadounidenses, ese tipo de transacciones relámpagos no llaman mucho la atención y constituyen uno de los métodos favoritos de Osama para hacer fructificar su capital y contar con reservas en varios países europeos, particularmente en Bélgica, Bulgaria, Italia y los Países Bajos.

Es posible que gracias a un agente inmobiliario de Singapur, Bin Laden hubiera invertido en bienes raíces en Londres, París y la Costa Azul francesa.

Otras fuentes del norte de Europa indican que empezó a invertir en Dinamarca, en particular en la industria lechera, por mediación de un egipcio que trabajó con el grupo Bin Laden en Arabia Saudita de 1983 a 1988. Al parecer, Bin Laden invirtió también unos 15 millones de dólares en empresas suecas especializadas en equipos médicos para hospitales. La meta de Bin Laden y de sus socios suecos era conquistar los mercados iraquíes, jordanos y egipcios.

Todo parece indicar que en Noruega logró diversificar sus actividades. Asesorado por Samir Al-Huseini, un palestino que radica en ese país desde los años sesentas, logró adquirir participaciones de 40 millones de dólares en la industria de la madera y el papel. En 1997 fue detenido un hombre de negocios saudita, Sidi Tayyeb, quien reconoció que era uno de los tesoreros de Bin Laden y que había abierto para su jefe cuentas en Europa, Africa, Paquistán e inclusive en Estados Unidos.

Conscientes de los riesgos que corrían al mover de esta manera fondos tan cuantiosos en los mercados de Europa Occidental, Bin Laden y sus asesores financieros empezaron a utilizar el sistema bancario de las ex repúblicas islámicas soviéticas. Para realizar estas transacciones dirigidas hacia Europa Oriental, parece que Bin Laden acudió a bancos ubicados en la parte turca de Chipre y que contó con la colaboración de algunos hombres de negocios que tienen relaciones estrechas con el gobierno turco. Se cita inclusive a un integrante de la familia del presidente (...).


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Mucho antes de ser un fugitivo y un paria (fue despojado de su nacionalidad saudita en 1994), cuya familia entera está bajo vigilancia, Bin Laden era muy bien visto por el rey Fahd. En 1980 era un industrial rico y un sujeto modelo para su majestad que se esforzaba por servir a su país al igual que los otros miembros de su familia. Fue precisamente ese año cuando el jefe de los servicios de inteligencia sauditas, el príncipe Turki Al-Faysal, un viejo amigo del clan Bin Laden, le encargó organizar a los cientos y cientos de afganos-árabes que pasaban por el puerto saudita de Djeda para ir a Peshawar en Paquistán (en la frontera con Afganistán). Estos voluntarios, que los diarios occidentales llamaban mujaidines, confluían de todos los países árabes para combatir al lado de sus correligionarios oprimidos por los soviéticos en Afganistán. Eran considerados héroes en el mundo musulmán. Su entrenamiento estaba a cargo de oficiales egipcios de alto rango, muchos graduados en las academias militares occidentales, y los fondos eran generosamente distribuidos por varios países árabes y, sobre todo, por EE.UU. que, según fuentes oficiales, destinó más de 285 millones de dólares anuales a la resistencia afgana.

A solicitud del príncipe Turki Al-Faysal, Osama se convirtió en la piedra angular de esa red de reclutamiento. Pero ese hombre joven, idealista y religioso no tardó en elegir su camino obedeciendo a su conciencia: no se limitó a acatar la orden del rey. Decidió hacer suya la causa de la resistencia afgana. Poco después de la invasión de Afganistán por las fuerzas soviéticas en 1979, Bin Laden renunció a su palacio y a sus negocios prósperos. La resistencia afgana se estaba organizando en las montañas y generaba mucha simpatía internacional. Totalmente involucrado en esa cruzada anticomunista, Bin Laden encontró en ella la oportunidad de probar su valor y su fe: todos los testimonios coinciden en ese punto. La liberación de Afganistán se convirtió en su Jihad personal. Conmovido por el “martirio de los hermanos afganos aplastados por Moscú”, voló hacia Paquistán con la misma idea que otros miles de árabes: entrar clandestinamente en Afganistán con sus cuatro esposas —dos sauditas, una palestina de Siria y una filipina— y sus quince hijos. Primero se instaló en la ciudad de Lahore (Paquistán) y luego abrió una oficina en Peshawar, en plena frontera con Afganistán. (...) En el corazón de ese Paquistán convulsionado, el saudita tenía una misión precisa: organizar la infraestructura del Jihad en Afganistán. Pero pronto descubrió que le tocaba empezar todo casi desde la nada.

Esperaba encontrar alguna especie de aparato revolucionario o algún embrión de ejército clandestino, quizás con efectivos no muy numerosos, pero organizados y motivados. Se quedó desilusionado. En Paquistán los mujaidines no contaban realmente con una organización. Tampoco en Afganistán. En todas partes imperaba la improvisación. Bin Laden decidió entonces hacerse cargo de la logística de la resistencia en las bases de retaguardia de Paquistán: construyó escuelas, dispensarios, mezquitas y albergues para las familias de los refugiados. Poco a poco, en Afganistán mismo, donde había logrado infiltrarse, emprendió la construcción de túneles estratégicos en zonas cercanas a las bases soviéticas para que los mujaidines tuvieran donde replegarse durante los combates. También mandó construir galerías subterráneas que permitieron a los combatientes acercarse al enemigo sin exponerse. Gastó toda su energía y también los fondos reunidos para apoyar a los mujaidines. Esa entrega lo convirtió en uno de los pilares del Jihad. Pronto también entendió que el reclutamiento de los resistentes carecía de todo profesionalismo. Decidió dedicar todos sus esfuerzos a las redes que encaminaban a los voluntarios hacia Paquistán. En 1984 se acercó a Abdalah Azzam, un palestino idealista, compañero de Yasser Arafat, quien había creado la Oficina de Ayuda a los Mujaidines en Peshawar. Bin Laden lo ayudó a reclutar hombres para la guerrilla. Azzam tenía “antenas” en todas partes del mundo, inclusive en Estados Unidos, como en el barrio neoyorquino de Brooklyn. Un ejemplo: en un apartamento ubicado arriba de una tiendita china de Brooklyn, se encontraba el Al-Kifah Refugee Center, a cargo de un imán ciego y discreto llamado Omar Abdul Rahman, que fue detenido en 1993 a raíz del atentado contra el World Trade Center. Hasta 1990 Bin Laden, que iba y venía entre Afganistán y Arabia Saudita, estaba presente en todos los frentes: reclutaba a miles de combatientes, organizaba su tránsito hasta las zonas de resistencia en Afganistán, supervisaba la construcción de fortificaciones y túneles en la frontera de Paquistán.

En ciertas oportunidades, inclusive, Bin Laden tomó las armas. (...) El 18 de abril de 1997, durante una de sus escasas entrevistas, contó lo siguiente al diario Paquistán: durante el Jihad, los rusos atacaron la región de Jaji. (...) Una vez un misil Scud explotó junto a mí, pero salí ileso. Ese incidente y otros me permitieron tomar distancia del miedo a la muerte... Pero los estadounidenses le tienen miedo a la muerte. Son como ratoncitos. Si Rusia pudo ser destruida, también se podrá decapitar a Estados Unidos... (Continuará).

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