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Publicación
del viernes 14 de septiembre de 2001
Nueva York, hoy sin su ancla entre las nubes
NUEVA YORK, 13 de septiembre (Por
David W. Dunlap, de The New York Times). En ese vacío
que ahora se ve en el cielo de Manhattan, que la memoria y la vista
tratan de volver a llenar con desesperación, destacaron en
alguna ocasión no sólo dos colosos de Rodas, sino
también una co munidad tan eléctrica, tan variada
y a veces tan enloquecedora como la ciudad a la que llegó
a representar en sus 28 años de existencia.
Las torres gemelas del World Trade Center, llamadas David
y Nelson, en honor de los hermanos Rockefeller que tanto abogaron
por su construcción David en su calidad de presidente
del Banco Chase Manhattan y fundador de la Asociación Downtown
Lower Manhattan Association, y Nelson como gobernador de Nueva York,
eran algo más que el ancla de Nueva York entre las nubes.
Pese a que perdió el primer lugar entre
los edificios más altos del país con la construcción
de la Torre de Sears en Chicago, las Torres Gemelas eran un auténtico,
poderoso emblema de la capacidad de recuperación de la ciudad,
del estancamiento económico de los años 60, del peligroso
coqueteo con la bancarrota en los años 70 y del terrorismo
internacional en 1993, cuando el complejo fue atacado por primera
ocasión. Su desaparición de los cielos de Manhattan
arrebató a Nueva York uno de sus emblemas más representativos,
símbolo por excelencia de la incansable resistencia de la
ciudad.
Ver lo que le ocurrió a una de nuestras
creaciones más admiradas, ante nuestros propios ojos, fue
un golpe emocional devastador, comentó Henry Guthard,
socio fundador de la Minoru Yamasaki & Associates de Rochester
Hills, Michigan, diseñadora de las Torres Gemelas, junto
con Emery Roth & Sons. Los edificios eran como nuestros
hijos.
En 1960, la Downtown Lower Manhattan Association
recomendó la construcción del World Trade Center.
En ese momento Lee K. Jaffe, jefe de relaciones públicas
de la Dirección Portuaria, sugirió: Si van a
construir un gran proyecto, entonces deberán levantar el
edificio más alto del mundo.
Dos años después, las direcciones
portuarias de Nueva York y Nueva Jersey recibieron la autorización
para construir el centro comercial. Desde que terminaron de construirse,
las torres se convirtieron en sello inconfundible, en el símbolo
por excelencia de Nueva York durante los últimos 25 años
del siglo XX.
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