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Publicación
del viernes 14 de septiembre de 2001
Nuevo factor de inquietud
La respuesta a los atentados
Por Francisco José PAOLI BOLIO
Cada vez que pasan por televisión
las imágenes de los aviones atravesando las torres gemelas
se transmite un mensaje satisfactorio para los terroristas y su
causa. Fueron derrocadas con osadía suicida, decisión
férreamente dirigida y ejecutada por delincuentes que plantean
un parteaguas en la historia del terrorismo y obligan a la nación
más poderosa de la Tierra a redefinir sus estrategias de
seguridad y de combate a fondo a todo fundamentalismo. También
obliga el atentado a definir de nuevo la estrategia de la sociedad
y la economía abiertas.
La dimensión de la tragedia tras los ataques
terroristas en Washington y Nueva York todavía se desconoce.
Tampoco se sabe qué grupo terrorista realizó los atentados,
indudablemente concertados y realizados con habilidad y devoción.
No se tienen evidencias de que el grupo terrorista contara con apoyo
de gobierno alguno, aunque hay indicios de que los ataques tienen
intención política manifiesta: destruir símbolos
del poder económico y militar de los Estados Unidos de América.
Y también hay quien piensa que se aplica la ley del Talión
argumentando: Para que sientan el terror que nosotros vivimos
cotidianamente en nuestros pueblos acosados por el sionismo y sus
aliados yanquis.
Ningún grupo ha reivindicado los ataques
perpetrados que produjeron miles de civiles muertos, heridos y la
pérdida de cuantioso patrimonio. Es posible que ya se tengan
indicios sobre quiénes fueron los autores del gigantesco
atentado. Empiezan a aparecer nombres de distintas personas que
se investigan, a partir de indicios como haber tomado un curso de
pilotaje. Pero también se especula que pudo haber sido un
grupo independiente, que operó básicamente por su
cuenta y riesgo, por cierto con no demasiados recursos, para realizar
su operación macabra. Y la posibilidad que ese pequeño
grupo se hubiera autoeliminado por completo al realizar su acción,
sin dejar huella significativa, pero sobre todo sin dejar vivo a
ningún responsable al que aplicarle la justicia.
Algunos expertos han señalado que cada
uno de los aviones fue capturado por un número pequeño
de personas, entre tres y cinco, entrenadas, con gran comunicación
entre ellas y dispuestas a dejar todos la vida en la consumación
de sus propósitos. No sólo dispuestas, sino entusiasmadas,
para formar parte del misil en que convirtieron las aeronaves capturadas
después de subir pasajeros en diversos vuelos domésticos.
El entusiasmo para desarrollar el ataque terrorista lo pueden lograr
por la creencia religiosa de que irán al paraíso y,
si es correcta la hipótesis de la total desaparición
del grupo, para no dejar posibilidad de que se consume ningún
tipo de venganza contra los responsables.
De lo que no hay duda es que todo el operativo
de los actos terroristas era un grupo de alrededor de veinte personas.
Es difícil pensar que no contaran con apoyo de otros para
su entrenamiento, obtención de identificaciones, introducción
de armas blancas para someter a las tripulaciones, información
sobre la operación de los aviones y probablemente sobre los
edificios blanco de sus ataques para hacerlo de la manera más
dañina posible. Pero no es imposible que el comando obtuviera
todos estos elementos por su cuenta, sin involucrar a otros en el
plan genocida. Podríamos estar ante el crimen perfecto, de
ser correcta la hipótesis. Aunque habría que agregar
que si no parece la más probable, no es absolutamente inverosímil.
El multimillonario saudí fundador de una
red internacional de terrorismo en 1998, Osama Bin Laden, podría
haber colaborado económicamente y con otros recursos con
el grupo ejecutor de los atentados. Pero es ciertamente impensable
que el fundamentalista musulmán lo reconociera. Un vocero
suyo declaró que no tuvo que ver en esos atentados, si bien
los ha justificado como operaciones legítimas que contribuyen
a la liberación de pueblos oprimidos. La fortuna personal
de este dirigente islámico se calcula en forma variable que
va de los cientos a los miles de millones de dólares. El
se encuentra en calidad de protegido por el gobierno de Afganistán,
si bien no se sabe su paradero exacto. El ex presidente Clinton
lo consideró como la mayor amenaza para la paz mundial,
tras imputarle los actos terroristas contra las embajadas norteamericanas
de Kenya y Tanzania, y el atentado contra el mismo World Trade Center
de Nueva York en 1993.
Independientemente de quien sea el responsable
del atentado, lo que se ve imposible es que la población
de los Estados Unidos obtenga una satisfacción tras la terrible
destrucción de miles de vidas de seres inocentes. Si mañana
se encontraran al o los responsables del atentado espectacular y
masivo, destructor de símbolos notables de su poderío,
se estaría lejos de lograr la satisfacción amplia
de la sociedad norteamericana. Tampoco puede creerse que actos de
venganza, ataques o muertes perpetradas por los norteamericanos
en presuntos responsables o personas de su mismo credo fanático
conduzcan a que los norteamericanos queden satisfechos. Tras la
tragedia de los primeros días y sus secuelas de los primeros
meses, los norteamericanos empezarán a resignarse. Pero difícilmente
dejarán atrás su odio. Más bien es previsible
que presionen a su gobierno y éste a sus aliados para ir
a fondo en acciones de represalia y exterminio de los grupos terroristas.
Es decir, lo previsible es que se endurecerán
las medidas para desbaratar a los grupos que impulsan el terror
genocida. Y eso traerá, probablemente, injusticias sobre
personas inocentes, por el hecho de que profesen la misma religión.
Ya estamos viendo ataques a mezquitas y otros establecimientos islámicos
en diversas partes de la Unión Americana y en países
aliados. El costo del atentado gigantesco ya lo empezaron a pagar
muchos musulmanes, independientemente de que éste pudiera
haber sido realizado por un grupo no islámico, encuéntrese
o no al verdadero culpable. Y este es uno de los asuntos más
preocupantes para la especie humana. Porque con represalias vengativas
no se puede desalentar, sino más bien promover de otra forma
el fundamentalismo sectario y destructivo, desatando una espiral
de violencia grave en EE.UU. y otros países. Lo que pueden
traer las represalias es la extensión del conflicto del Medio
Oriente al hemisferio occidental. Nuestras oraciones deben encaminarse
a que este tipo inédito de guerra extensa no se produzca.
Y se otorgue el perdón profundo de los agraviados, buscándose
las formas de cooperación internacional para el combate legal
a los fundamentalistas violentos. F.J.P.B. México,
D.F., septiembre de 2001.
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