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Publicación
del jueves 13 de septiembre de 2001
Bin Laden agradece a Alá, tras los ataques
Los talibanes, dispuestos a extraditarlo si los EE.UU.
tienen pruebas contra él
KABUL, 12 de septiembre (France Presse,
AP y Notimex). Osama Bin Laden, señalado por Estados
Unidos como el probable responsable de los atentados de ayer, desmintió
cualquier implicación en estos ataques, pero agradeció
a Alá todopoderoso y se inclinó ante él al
escuchar la noticia de los atentados, según publicó
hoy el diario paquistaní Ausaf.
El rotativo indicó que el millonario saudita
calificó los ataques de la víspera de una reacción
legítima de los pueblos oprimidos contra la potencia estadounidense.
Según el cotidiano, esta reacción
fue leída a la redacción por un representante
especial no identificado de Bin Laden, quien vive
desde hace cinco años en Afganistán.
El artículo no cita directamente a Bin
Laden o el texto evocado, pero afirma que el millonario de origen
saudita no está implicado en los atentados cometidos en Estados
Unidos.
Bin Laden habría declarado que tenía
la misión de poner fin a la agresión israelí
contra Palestina y que cientos de jóvenes habían jurado
morir por él.
Según el artículo, habría
calificado a Estados Unidos de principal aliado de Israel
y acusado a Washington de armar al Estado hebreo.
Hoy mismo, el embajador talibán en Paquistán,
Abduk Salam Zaeef, declaró que su país está
dispuesto a deportar a Bin Laden, si Estados Unidos prueba que es
el autor intelectual de los atentados.
De acuerdo con el representante de la milicia
islámica que gobierna Afganistán, es muy prematuro
hablar sobre la extradición de Bin Laden a Estados Unidos,
pero podría estudiar las evidencias que tienen las autoridades
en Washington y entonces tomar un decisión al respecto.
En Kandahar, Abdul Hai Mutmaen, portavoz del jefe
supremo de los talibán, afirmó que un ataque estadounidense
contra Afganistán sería estéril
porque no obtendría el efecto buscado.
Si quieren tomar como blanco a individuos,
no los encontrarán. Si quieren tomar como blanco a instalaciones
estratégicas militares o económicas, no tenemos ninguna
aquí en Afganistán que valga el precio de un misil
de crucero. Si quieren eliminar a toda una nación, eso es
imposible y sólo creará más odio contra Estados
Unidos, apuntó.
En una entrevista en el diario italiano La Republica,
Omar Bakri, portavoz del Frente Internacional Islámico, afirmó
que sólo Osama Bin Laden puede disponer de esta potencia
de fuego para golpear a EE.UU. y sólo el movimiento islámico
que cree en la Yihad, la guerra santa, puede perpetrar este ataque
sin precedente gracias a la fe de los mártires.
Ciertamente, nos duele la pérdida
de tantas vidas civiles, pero en nosotros prevalece el fuerte convencimiento
de que Estados Unidos debía pagar por sus crímenes
contra los musulmanes, los palestinos, los iraquíes,
señaló.
Además, reconoció que es muy posible
que todas las fuerzas que combaten contra Estados Unidos hayan confluido
en una sola iniciativa bajo el mando de Bin Laden y del movimiento
islámico que cree en el martirio.
En Bagdad, el presidente de Iraq, Saddam Hussein,
consideró hoy que Estados Unidos cosechó las
espinas de su política, en un comentario sobre los
atentados perpetrados la víspera en Nueva York y Washington.
En Moscú, los servicios secretos de Rusia
sospechan de la organización fundamentalista islámica
Djaamat Al-Islam como posible responsable de los atentados
terroristas cometidos contra las Torres Gemelas de Nueva York.
Expertos del Servicio Federal de Seguridad recordaron
que la sede de esa organización se encuentra en Afganistán
y tiene filiales en Emiratos Arabes, Paquistán y Arabia Saudita,
que patrocinaron las explosiones perpetradas en Rusia dos años
atrás en la capital rusa y Volgodonsk, donde
murieron 230 personas.
WASHINGTON, 12 de septiembre (El País).
Estados Unidos se enfrenta a un enemigo en la sombra, un pequeño,
eficaz y anónimo ejército terrorista que sortea todos
los sistemas de detección, desde el del informador de carne
y hueso hasta la interceptación de conversaciones telefónicas
por satélite, pasando por el rastreo de Internet de programas
como el moderno y polémico Carnivore. El comprensible afán
estadounidense por castigar pronto y duramente a los autores del
apocalíptico ataque de ayer tiene un primer obstáculo
de envergadura: identificar el blanco. Aunque las sospechas se centren
en Osama Bin Laden, permanece la gran pregunta: ¿Dónde
está el ominoso millonario saudita? ¿Cuál es
su centro de operaciones? ¿Quiénes son sus padrinos?
El fracaso de la CIA y el FBI es estrepitoso.
Estos dos servicios de inteligencia llevaban años señalando
a Bin Laden como el principal peligro para EE.UU. y advirtiendo
que el saudita soñaba con una gran acción
contra el país al que tantos árabes y musulmanes identifican
como el principal impulsor de Israel y su política de represión
de las revueltas palestinas.
Bin Laden piensa en grande, aunque era difícil
imaginar que era capaz de organizar las escenas del fin del mundo
de las Torres Gemelas y el Pentágono. Es algo que ha aprendido
de los norteamericanos. Fue la CIA la que le enseñó
audacia en los años en que el saudita y los estadounidenses
fueron aliados en la guerra contra la ocupación soviética
de Afganistán. Fue también la CIA la que le instruyó
en los trucos de la guerra clandestina: cómo mover el dinero
a través de sociedades fantasmas y paraísos fiscales,
cómo preparar explosivos, cómo utilizar códigos
cifrados para comunicarse con sus agentes y sortear la detección,
cómo replegarse a una base segura tras un golpe feroz...
Muy en la línea del moderno integrismo
islámico, que digiere con entusiasmo la tecnología
occidental y rechaza sus valores laicos y democráticos, Bin
Laden, como el Hezbolá libanés y el Hamás palestino,
combina las técnicas norteamericanas con el fanatismo de
los desesperados de los campos de refugiados y los suburbios pobres
del norte de Africa y Oriente Próximo. Los servicios de inteligencia
norteamericanos creen que sus agentes son palestinos, libaneses,
jordanos, egipcios y habitantes de la península arábiga
que igual pueden vivir en las cercanías de Ammán o
en el Brooklyn neoyorquino. Son gente que conoce bien EE.UU., como
demostraron en la jornada de espanto de ayer. Y, aunque poseídos
por un espíritu kamikaze, por la creencia de
que el suicidio en un ataque contra israelíes o norteamericanos
es la llave del paraíso, muchos de esos agentes tienen formación
técnica y científica. Son informáticos, ingenieros,
médicos y, probablemente, hasta pilotos de aviones.
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