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Publicación
del jueves 13 de septiembre de 2001
El terror está aquí
La visión de Gorbachev
Por Ernesto Julio TEISSIER
El terrorismo llegó, como
era inevitable, y a mí no se me ocurre nada mejor que recordar
un magnífico ensayito, The Lebanese Dance of Death,
en que Guy Talese recuerda el hermosísimo Líbano AYA
(antes de Yaser Arafat). Era un país con ciudades elegantes,
ricas, cosmopolitas, cultas, e inevitablemente se le describía
como el París del Oriente; sus montañas de pinos terminaban
abruptamente junto al mar de un azul increíble; sus bancos
custodiaban fortunas como las de Ginebra, sus almacenes de modas
parecían los de la Avenida Lafayette, sus bibliotecas y museos...
Todo aquello se acabó cuando un gobierno dejó entrar
a una banda de violentos y a sus armas.
Nueva York también era eso hasta anteayer,
cuando un pelotoncito de dinamiteros suicidas consiguió realizar
lo que parece sólo parte de un plan: secuestrar cuatro aviones,
de los cuales dos destruyeron las Torres Gemelas del World Trade
Center, un tercero se estrelló contra el edificio del Pentágono
y el cuarto cayó en Pennsylvania. Los que han estudiado los
siniestros caminos del terrorismo creen que el plan abarcaba algún
otro blanco de importancia financiera, militar o política.
La Agencia Central de Inteligencia había
trazado hace meses las huellas de atentados parecidos, de mucho
menor envergadura, hasta la figura borrosa de un árabe saudita
heredero de una fortuna de miles de millones de dólares,
llamado Osama Bin Laden; éste habría sido entrenado
por la CIA para combatir a los rusos en Afganistán (de donde
fueron finalmente expulsados en 1988) y ahora estaría refugiado
en aquel país, bajo un régimen de fundamentalistas
musulmanes llamado Talibán.
Desde algún escondite cercano a Kabul,
la capital de Afganistán, habría dirigido el architerrorista
a una relativamente corta, pero poderosa, bien armada y mejor financiada
banda de dinamiteros a los que se han atribuido la explosión
de 1993 en el mismo World Trade Center que ahora fue demolido; los
ataques contra dos embajadas norteamericanas en Africa, en la década
pasada, y la más reciente intentona contra el barco de guerra
Cole, en la Bahía de Yemen. El director de una revista que
se publica en Londres, quien dice tener contacto con Osama Bin Laden,
reveló que el jefe terrorista habría advertido, hace
tres semanas, que preparaba una acción de proporciones inimaginables
contra el corazón de los capitalistas. La inconfirmada
advertencia se cumplió en la mañana del martes.
Fue un golpe de una audacia increíble,
asestado con la furia enloquecida de un poseído pero preparado
seguramente durante años, con paciencia y precisión:
por ejemplo, los aparatos secuestrados se escogieron de antemano
entre los que cubrían rutas muy largas, para asegurarse de
que llevaran alrededor de 25 mil galones (casi cien mil litros)
de turbosina. El resto de la historia se ha repetido muchas veces
con abundantes detalles de horror y con un dolido reconocimiento
a los planeadores y ejecutores del desastre.
Cierto: a su manera fanática, enajenada
y destructora, trabajaron con eficiencia; sin embargo, a mí
en lo personal me parecen mucho más admirables la organización,
la rapidez, la exactitud, el rigor y la minuciosidad con que se
comportó el gobierno de los Estados Unidos, en el que nadie
perdió la cabeza ni por un segundo: todavía en shock,
cada uno de los responsables supo encontrar el camino hacia su puesto,
llegar a él y ponerse a trabajar. Esa es la garantía
de que los Osama Bin Laden podrán golpear espectacularmente,
pero no dañar fundamentalmente al país del norte.
Hará unos diez años, Mikhail Gorbachev,
todavía gran figura de la URSS que se había disuelto
o estaba por disolverse, llegó a París. Allí
concedió una sola entrevista, al director del periódico
semanario L' Expresso, a quien le dijo: No, nosotros
no somos el enemigo; si lo éramos, ya dejamos de serlo. El
peligro para la democracia deben buscarlo ustedes no en Moscú,
sino en las fronteras del sur de las Repúblicas Soviéticas
del Este: Kazakhstan, Kurdistan, Tadziquistan. El enemigo es el
integrismo islámico....
La declaración de Gorbachev no se difundió
mucho, pero alcancé a conocerla; y me ha maravillado, desde
entonces, la visión ancha y profunda del personaje soviético.
Eso, el integrismo musulmán, fue lo que golpeó en
Nueva York y en Washington el miércoles.
Parece como si el mundo no supiera qué
hacer sin guerras: ahora, desaparecidas las otras superpotencias,
se repiten los incidentes de odios políticos, raciales, religiosos.
En México no lo entenderemos: para desentrañar lo
que hay en la furia criminal de los terroristas hay que haber nacido
en Los Balcanes, en el País Vasco, en Irlanda del Norte,
en la Tierra Cimeriana, donde estaba la boca del infierno.
E.J.T. México, D.F., septiembre de 2001.
Correo electrónico: ernestoteissier@aol.com
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