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Publicación
del miércoles 12 de septiembre de 2001
Pearl Harbor, Hiroshima, Nueva York...
El futuro de la especie
Por Franz FORTUNY
Súbitamente deseo con toda
mi voluntad interior que el tiempo regrese al punto en que se encontraba
antes de los horribles sucesos acaecidos a la vista del mundo entero
en la ciudad de Nueva York y otros puntos de los Estados Unidos
de América. Y sin embargo, al mismo tiempo, caigo en la cuenta
de que el estancamiento en las actitudes dicotomizadas no podía
seguir estático. Tenía que darse un movimiento. Un
movimiento que defina el hecho de que el futuro de la especie humana
no puede dejarse a la deriva. Y ese futuro tiene una forma, y es
la forma de la visión del grupo dentro de la especie que
finalmente se impondrá sobre los demás.
El grupo que atacó sólo puede tener
un final: su exterminio físico o su cancelación cultural,
social y étnica. La traición es odiada por la ética
que construyó al coloso nuclear. Si hay algo que ellos odian
es la mentira, pero si hay algo que no pueden tolerar es la traición.
Recordemos Hiroshima y Nagasaki y visualicemos Pearl Harbor. Este
es el Pearl Harbor del atacante. ¿Cuáles serán
sus Hiroshima y Nagasaki?
¿Libertad? Es la que tuvimos, como especie,
cuando vivimos en organizaciones tribales. La civilización
necesariamente tuvo que esclavizar a una parte de los individuos
de la especie, mientras otra parte se ocupaba de estudiar la posibilidad
de regresar a la libertad real.
El coloso nuclear de hoy representa a esa parte
de los individuos con un encargo inconsciente, pero determinante:
la búsqueda y encuentro del fundamento de una verdadera libertad
para la especie humana. No hay libertad mientras haya escasez, y
habrá escasez mientras lo que cada ser humano requiere para
su propia, individual subsistencia, tenga invertido en su esencia
la labor física, el esfuerzo, de otros seres humanos diferentes
del que goza el beneficio del bien.
Los ataques del 11 de setiembre representan la
desesperación de una guerra territorial que el grupo atacante
sabe que tiene perdida. Los que se saben perdidos deben tener la
lucidez de reconocer cuándo su única posibilidad es
aceptar las paces con las condiciones del vencedor, a menos que
su continuidad genética ya no les interese.
Golda Meir sabiamente dijo que sólo habrá
paz cuando el amor de los enemigos de Israel hacia sus propios hijos
sea mayor que el odio hacia Israel. Esto no parece estar sucediendo.
Muchos hijos de los enemigos de Israel morirán sin saber
jamás lo que podría haber sido la vida. La destrucción
de las torres sólo les traerá más sufrimiento.
No lograron hacer que el amor a sus hijos fuera mayor que el odio
a Israel.
Fueron víctimas de la ansiedad y la desesperación.
Fueron víctimas de un sentimiento de impotencia, porque se
quedaron cortos de la grandeza que da la creatividad intelectual
y no pudieron jamás comprender que el camino a la libertad
real de la especie humana exige, por inscripción en la propia
condición humana, un puente en el que unos sufren esclavitud
y vejación, mientras otros viven en aparente abundancia y
opulencia.
La tendencia matemática de la evolución
de la ciencia es hacia la libertad real. Y ésta significa
abundancia generalizada por un método de producción
que permite la obtención de lo individual sin esfuerzo de
otros. Exactamente la misma condición presente en el ambiente
tribal ancestral y olvidado. Los que entiendan esto, no necesitarán
planear revoluciones políticas o sociales, ni verán
sentido en hablar de desigualdades sociales o distribución
de pobreza, mal llamada distribución de la riqueza.
Entenderán que la riqueza total radica en la libertad real,
condición que no exige bienes materiales escasos, sino seguridad
de supervivencia individual y colectiva.
No pienses en la revolución ni en la justicia
social. Piensa en alcanzar el nivel tecnológico que
permitirá la libertad real. Lucha por lograr ese nivel. Lucha
por impedir que la desesperación detenga el paso de la humanidad
en esa dirección. Lucha por un mundo en el que el esfuerzo
individual sea sólo para satisfacción directa de quien
hace el esfuerzo. En esa condición, la guerra y la mentira
dejarán de tener sentido. Recuerda: eso no se logra con forzar
repartición de pobreza sino acelerando el desarrollo de la
ciencia que permitirá la libertad real.
No son las revoluciones sociales las que hacen
avanzar la condición humana. No. Nunca han sido. La humanidad
sólo ha cambiado cuando se han dado revoluciones tecnológicas.
Y para que éstas se den, se necesita paz, trabajo, creatividad
y, quizás ahora, como especie, conciencia plena de la meta
que se persigue. F.F. Mérida, Yucatán,
septiembre de 2001.
Correo electrónico: ffortuny@ivsol.com
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